lunes, 29 de diciembre de 2008

LA SOCIEDAD DEL ESPECTÁCULO


1. Toda la vida de las sociedades donde rigen las condiciones modernas de producción se manifiesta como una inmensa acumulación de espectáculos. Todo lo que antes se vivía directamente, se aleja ahora en una representación.

2. Las imágenes desprendidas de cada aspecto de la vida se fusionan en un cauce común, donde la unidad de esta vida es ya irrecuperable. La realidad vista parcialmente se despliega dentro de su propia unidad general como pseudomundo aparte, objeto de mera contemplación. La especialización de las imágenes del mundo halla su culminación en el mundo de la imagen autónoma, donde el mentiroso se miente a sí mismo. El espectáculo es, en general, como inversión concreta de la vida, el movimiento autónomo de lo no viviente.

3. El espectáculo se presenta a sí mismo como la sociedad misma, como una parte de ésta y como instrumento de unificación. En tanto parte de la sociedad, es expresamente el sector que concentra todas las miradas y todas las conciencias. Precisamente por estar separado este sector, atrae la mirada engañada y la falsa conciencia; y la unificación que lleva a cabo no es otra cosa que el lenguaje oficial de la separación generalizada.

4. El espectáculo no es un conjunto de imágenes, sino una relación social entre personas, mediatizada a través de las imágenes.

5. No se puede entender el espectáculo como el exceso del mundo visual, producto de las técnicas de difusión masiva de imágenes. Es, en cambio, una Weltanschauung (mirada, concepción, representación del mundo) efectivizada, expresada en el plano material. Es una visión del mundo que se ha objetivado. El espectáculo, entendido en su totalidad, es a la vez resultado y proyecto del modo de producción existente. No es un complemento del mundo real, una decoración superpuesta a éste. Es la médula del irrealismo de la sociedad real. Bajo todas sus formas particulares, información o propaganda, publicidad o consumo directo de entretenimientos, el espectáculo constituye el modelo actual de la vida socialmente dominante. Es la afirmación omnipresente de una elección ya hecha en la producción, y de su consumo que es su corolario. Forma y contenido del espectáculo son, idénticamente, la justificación total de las condiciones y fines del sistema vigente. El espectáculo es también la presencia permanente de la justificación, en tanto colonización de la parte principal del tiempo vivido fuera de la producción moderna.

Guy Debord, 1967

viernes, 26 de diciembre de 2008

BIOGRAFÍA


"Si después de mi muerte, quisieran escribir mi biografía,
No hay nada más sencillo.
Sólo dos fechas tiene -la de mi nacimiento y la de mi muerte.
Entre una y otra cosa todos los días son míos.

Soy fácil de definir.
Vi como un maldito.
Amé las cosas sin ningún sentimentalismo.
Nunca tuve un deseo que no pudiera realizar, porque nunca me cegué.
Incluso el oír nunca fue para mí sino un acompañamiento del ver.
Comprendí que las cosas son reales y diferentes las unas de las otras;
Comprendí esto con los ojos, no con el pensamiento.
Comprenderlo con el pensamiento sería encontrar todas las cosas iguales.

Un día, me entró el sueño como a un niño pequeño.
Cerré los ojos y dormí.
Aparte de eso, fui el único poeta de la Naturaleza."

Alberto Caeiro

lunes, 22 de diciembre de 2008

UTOPÍA


"Entiendo por Utopía la belleza irrenunciable, y aún la espada del destino de un ángel que nos conduce hacia aquello que sabemos imposible, como el autor de estas líneas ha sabido siempre que Filosofía, ella, y no por ser mujer, nunca la podría hacer. Y la coincidencia se revela hasta en las palabras, pues en mi adolescencia alguien me preguntaba, a veces con compasión, a veces con ironía un tanto cruel, ¿y por qué va usted a estudiar Filosofía? Porque no puedo dejar de hacerlo, y en este libro he escrito, en aquel precioso otoño de 1939, qué utópico me parecía, en el más alto grado, poderlo escribir. Y a las Utopías, cuando son de nacimiento, no se las puede discutir aunque uno se rebele contra ellas."

María Zambrano
Filosofía y Poesía

jueves, 11 de diciembre de 2008

LEY DEL ORIGEN DEPENDIENTE



“Al cesar el karma, cesa la conciencia;
Al cesar la conciencia, cesan nombre y formas;
Al cesar nombre y formas, cesa la sensación;
Al cesar la sensación, cesa el deseo;
Al cesar el deseo, cesan las ataduras;
Al cesar las ataduras, cesa la existencia;
Al cesar la existencia, cesa el nacimiento;
Al cesar el nacimiento, cesan la vejez y la muerte, el dolor, las lamentaciones, la miseria, la aflicción y la desesperación. Y de este modo cesa toda esta suma de miserias.”

viernes, 28 de noviembre de 2008

Die Brücke


Hay dos verdades ineludibles. La soledad y la muerte.

El saber popular dice que la muerte es lo único que no tiene remedio. Pero yo creo que la soledad es más irremediable aún, porque además de ser universal se presenta palpable. La muerte es un horizonte que, por qué negarlo, está allí para nosotros en la forma de un final que puede intentar ser olvidado, ignorado o negado, pero que nuestro fuero más íntimo conoce con certeza. Es la soledad definitiva para con uno mismo.

El saberse mortal y el saberse solo son dos sentimientos distintos. Está claro que el saber constituye un tipo particular de sentimiento. Y no son pocos los artilugios con los que, de manera heroica, intentamos evitar estas verdades. El arte, el sexo, la religión, el trabajo, la televisión, el amor. Todo es válido y nada es suficiente. Uno es uno. En esa frase está resumida la historia. Uno puede comunicarse, unirse, abrazarse, rebelarse, inmolarse, abandonarse a lo ajeno. Nada nos puede librar definitivamente de nuestro destino de ser uno. Nada salvo la muerte.

Ella es liberación de la soledad o la soledad definitiva. Si estar esencialmente solos es un problema, lo es en tanto los puentes que tendemos de alguna manera crean espacios donde las soledades se encuentran y se consuelan mutuamente. Cuando algún puente cae, la soledad vuelve a presentarse palpable y nos golpea en la cara sin tapujos.

Es la intermitencia de la soledad la que hace de ella un problema mayor que el de la muerte. De todas maneras, lo que más me importa de ambas es que plantean un desafío. Llegamos al mundo con estos dos mandatos "estás solo" y "vas a morir". Pues ¿qué hacer con tremendo destino? Pues el arte, el amor, la religión, la sociedad, gigantescas pirámides, la danza, los poemas de Pessoa. Y aprender la arquitectura de los puentes que nos permitan trasponer las fronteras, a veces tan profundas, a veces tan cercanas, que nos separan de las otras soledades mortales que nos rodean.

Yo admiro a los hombres más que a nada en el mundo. No hay nada que pueda compararse a cada uno de nosotros intentando hacer de nuestra fatalidad algo que nos trascienda.
Me emociona profundamente saberme parte de este innumerable destino común. Me emociona y me sirve como puente. Si nuestro encuentro es fugaz, es porque es la condición de todo encuentro. Y está bien que así sea, pues no hay otra cosa que la fugacidad.

Todos bailan y yo también.

Hacen así, así me gusta a mí.

domingo, 2 de noviembre de 2008

The solitary traveller

"Such are the visions which ceaselessly float up, pace beside, put their faces in front of, the actual thing; often overpowering the solitary traveller and taking away from him the sense of the earth, the wish to return, and giving him for substitute a general peace, as if (so he thinks as he advances down the forest ride) all this fever of living were simplicity itself; and myriads of things merged in one thing; and this figure, made of sky and branches as it is, had risen from the troubled sea (he is elderly, past fifty now) as a shape might be sucked up out of the waves to shower down from her magnificent hands compassion, comprehension, absolution. So, he thinks, may I never go back to the lamplight; to the sitting-room; never finish my book; never knock out my pipe; never ring for Mrs. Turner to clear away; rather let me walk straight on to this great figure, who will, with a toss of her head, mount me on her streamers and let me blow to nothingness with the rest.

Such are the visions..."


Fragmento de Mrs. Dalloway, Virgina Woolf

jueves, 28 de agosto de 2008

CRACK UP


Claro, toda vida es un proceso de demolición, pero los golpes que llevan a cabo la parte dramática de la tarea—los grandes golpes repentinos que vienen, o parecen venir, de fuera—, los que uno recuerda y le hacen culpar a las cosas, y de los que, en momentos de debilidad, habla a los amigos, no hacen patentes sus efectos de inmediato. Hay otro tipo de golpes que vienen de dentro, que uno no nota hasta que es demasiado tarde para hacer algo con respecto a ellos, hasta que se da cuenta de modo definitivo de que en cierto sentido ya no volverá a ser un hombre tan sano. El primer tipo de demolición parece producirse con rapidez, el segundo tipo se produce casi sin que uno lo advierta, pero de hecho se percibe de repente.

Antes de seguir con este relato, permítaseme hacer una observación general: la prueba de una inteligencia de primera clase es la capacidad para retener dos ideas opuestas en la mente al mismo tiempo, y seguir conservando la capacidad de funcionar. Uno debería, por ejemplo, ser capaz de ver que las cosas son irremediables y, sin embargo, estar decidido a hacer que sean de otro modo. Esta filosofía se adecuaba con los comienzos de mi edad adulta, cuando vi a lo improbable, lo no plausible, a menudo lo «imposible», hacerse realidad. La vida era algo que uno dominaba si tenía algo bueno. La vida se rendía fácilmente ante la inteligencia y el esfuerzo, o ante el porcentaje que se pudiera reunir de ambas cosas. Parecía una cuestión romántica ser un literato de éxito, uno nunca iba a ser tan famoso como una estrella de cine, pero la notoriedad que lograra probablemente seria más duradera, uno nunca iba a tener el poder de un hombre de firmes convicciones políticas o religiosas, pero indudablemente sería más independiente. Desde luego, en la práctica de su profesión, uno estaría permanentemente insatisfecho... pero, por mi parte, yo no habría elegido ninguna otra.


F. S. Fitzgerald, 1936

domingo, 17 de agosto de 2008

SOBRE LA ENVIDIA


El aromo

de Romildo Risso y Atahualpa Yupanqui



Hay un aromo nacido

en la grieta de una piedra.

Parece que la rompió

pa' salir de adentro de ella.


Está en un alto pelao

no tiene ni un yuyo cerca

viéndolo solo y florido

tuito el monte lo envidea.


Lo miran a la distancia

árboles y enredaderas

diciéndose con rencor

pa' uno sólo cuánta tierra !


En oro le ofrece al sol

pagar la luz que le presta

y como tiene de más

puñado por el suelo siembra.


Salud, plata y alegría

tuito al aromo le suebra

asegún ven los demás

dende el lugar en que lo observan.


Pero hay que dir y fijarse

cómo lo estruja la piedra

fijarse que es un martirio

la vida que le envidean.


En ese rajón el árbol

nació por su mala estrella

y en vez de morirse triste

se hace flores de sus penas.


Como no tiene reparos

todos los vientos le pegan

las heladas lo castigan

l'agua pasa y no se queda.


Ansina vive el aromo

sin que ninguno lo sepa

con su poquito de orgullo

porque es justo que lo tenga.


Pero con l'alma tan linda

que no le brota una queja

que no teniendo alegrías

se hace flores de sus penas.


Eso habían de envidiarle

los otros si lo supieran ...

que no teniendo alegrías

se hace flores de sus penas.

domingo, 10 de agosto de 2008

LA IRA Y LA RAZÓN


Parece que la ira oye en parte a la razón, pero la escucha mal, como los servidores apresurados, que, antes de oír todo lo que se les dice, salen corriendo y, luego, cumplen mal la orden, y como los perros que ladran cuando oyen la puerta, antes de ver si es un amigo. Así, la ira oye, pero, a causa del acaloramiento y de su naturaleza precipitada, no escucha lo que se le ordena, y se lanza a la venganza. La razón, en efecto, o la imaginación le indican que se le hace un ultraje o un desprecio, y ella, como concluyendo que debe luchar contra esto, al punto se irrita. El apetito por otra parte, si la razón o los sentidos le dicen que algo es agradable, se lanza a disfrutarlo. De modo que la ira sigue, de alguna manera, a la razón, y el apetito no, y por esto es más vergonzoso; pues el que no domina la ira es, en cierto modo, vencido por la razón, mientras que el otro lo es por el deseo y no por la razón.

Aristóteles, Ética Nicomáquea, Libro VII, 6. (1149a 25)

domingo, 3 de agosto de 2008

ACIDIA


“A menudo, cuando estás solo en tu celda, se adueña de ti una cierta inercia, una languidez del espíritu, un tedio del corazón; sientes dentro de ti un pesadísimo fastidio; te pesas a ti mismo y te falta esa suave alegría interior que solías sentir. Aquella dulzura que te pertenecía ayer y antes de ayer se transformó en una gran amargura; las lágrimas que te inundaban abundantemente se secaron por completo. Tu vigor espiritual se ha marchitado, tu belleza interna ha desaparecido. Tu alma está desgarrada, lacerada, confusa, sacudida, triste y amarga y no sabes dónde aquietarla. La lectura ya no te satisface, rezar no te agrada, no te bañan las lluvias saludables de las reflexiones a las que estabas habituado. ¿Qué más decir? Ya no hay en ti ninguna alegría, ningún entusiasmo, ningún gozo espiritual. Estás siempre pronto a deshacerte en carcajadas, a perderte en el parloteo, en el ocio; lento y perezoso, en cambio, cuando debieras dedicarte al silencio, a las obras de bien, a los ejercicios de espíritu. ¡Qué miserable cambio! Ya no eres el que una vez fuiste, sino completamente otra persona.”

Adam of Dryburgh o Adán Scotus, Liber de quadripartito exercitio cellae, XXIV.

domingo, 27 de julio de 2008

LA EMBRIEDAD


Pues la embriaguez es mágica y conduce a comarcas que aclaran, iluminan e informan acerca del funcionamiento de la razón, acerca de sus límites. No pretendo hacer el elogio del amigo de las embriagueces que lo convierten en un vasallo, en un trozo de carne embebido en alcohol. Esas prácticas que hacen del usuario un objeto que padece y no un sujeto que desea no tienen mi beneplácito. No tanto por razones de orden moralizador como por el cuidado puesto en la escultura de sí, en el voluntarismo estético del que he dicho, en otros libros, hasta qué punto, a mi juicio, debería estructurar un temperamento, un carácter.

El estado cuyo elogio hago es la embriaguez que supone el espíritu turbado por los vapores del alcohol y no derrumbado a causa de dosis excesivas. La práctica del vino, y de los brebajes mágicos, implica el gusto por el margen, el límite, la franja más allá de la cual se sabe que no hay retorno. Exige que se domine el cuerpo con la suficiente precisión y destreza para que pueda pedírsele solamente rozar universos en los cuales uno podría perecer en cuerpo y alma, confundidos, si faltaran la habilidad, el sentido de la delicadeza. Para hablar de este estado en el cual se experimenta la ligereza, antes de que se trate de una caída demasiado pesada, me gustaría poder recurrir al término que Littré señala en una discreta apostilla de su diccionario y es la embriedad, una mezcla de embriaguez y ebriedad, si doy crédito a la factura del concepto, un mixto de fascinación por los abismos y las prácticas de aproximación. La palabra nueva descontaminaría la embriaguez de las ocurrencias adoptadas, desde la revolución industrial, por el lado del alcoholismo. La embriedad permitiría la experimentación de una línea divisoria, que es la mejor invitación a no caer de manera habitual más allá de los límites descubiertos. La embriaguez del alcohólico supone un hombre convertido en objeto, incapaz ya de abstenerse de bebidas inquietantes. A menudo, su dependencia debe relacionarse con una incapacidad para encontrar en él lo que permitiría la firmeza, la resistencia para con los dolores del mundo. La necesidad de consuelo imposible de saciar mediante fuerzas mentales a menudo conduce a buscar la ayuda de sustancias psicotrópicas, portadoras de alma, si se me permite una distorsión etimológica. Ese alcohol no es tanto el signo metafísico de una riqueza como el testigo de una miseria grande, de una pobreza de temperamento.


Del libro de Michel Onfray, La razón del gourmet, filosofía del gusto.

sábado, 19 de julio de 2008

LUJURIA Y CASTIDAD


Eugenia: Pero, Dolmancé, creo que es el análisis de las virtudes el que nos llevó al examen de las religiones. Volvamos a ello. ¿No existirán en esta religión, aunque ridícula, algunas virtudes cuyo culto pueda contribuir a nuestra dicha?

Dolmancé: Examinémoslo. ¿Será la castidad, esa virtud que sus ojos destruyen, aunque en conjunto sea su imagen? ¿Reverencia usted la obligación de combatir todos los impulsos de la naturaleza? ¿Los sacrificará usted a todos al vano y ridículo honor de no tener jamás una debilidad? Sea honesta y responda, bella amiga: ¿cree usted encontrar en esa absurda y peligrosa pureza del alma tantos placeres como el vicio contrario?

Eugenia: No, le doy mi palabra que no siento la menor inclinación a ser casta y sí, por el contrario, la más grande disposición al vicio.


Donatien Alphonse Francois, Marqués de Sade. FILOSOFÍA EN EL TOCADOR

domingo, 22 de junio de 2008

LA PUERTA DEL INFIERNO


POR MÍ SE VA HASTA LA CIUDAD DOLIENTE,
POR MÍ SE VA AL ETERNO SUFRIMIENTO,
POR MÍ SE VA A LA GENTE CONDENADA.

LA JUSTICIA MOVIÓ A MI ALTO ARQUITECTO.
HÍZOME LA DIVINA POTESTAD,
EL SABER SUMO Y EL AMOR PRIMERO.

ANTES DE MÍ NO FUE COSA CREADA
SINO LO ETERNO Y DURO ETERNAMENTE.
DEJAD, LOS QUE AQUÍ ENTRÁIS, TODA ESPERANZA.

Estas palabras de color oscuro
vi escritas en lo alto de una puerta;
y yo: «Maestro, es grave su sentido.»

Y, cual persona cauta, él me repuso:
«Debes aquí dejar todo recelo;
debes dar muerte aquí a tu cobardía.

Hemos llegado al sitio que te he dicho
en que verás las gentes doloridas,
que perdieron el bien del intelecto.»


Dante Alighieri, Divina Comedia, Infierno, Canto III

jueves, 19 de junio de 2008

DESARROLLAR


El acto contrario al arrollar o enrrollar. Desenrrollar un papiro, hacer legible el total de lo contenido en un escrito arrollado. La acción del des-pliegue o el des-arrollo reporta diversos movimientos. Por un lado se muestra, se explicita lo oculto, lo que de otra manera permanecía plegado o arrollado (vuelto sobre sí mismo). La acción de desarrollar vulnera la intimidad de lo contenido en forma reflexiva; pone a disposición del público lo que había sido guardado bajo la custodia de la propia subjetividad. Es necesario dejar en claro la nota evidentemente violenta de este acto de desarrollo. Digo, lo que se encuentra arrollado no tiene por qué ser vuelto al plano bidimensional. La necesidad de desarrollar no puede más que explicarse por esta manía que se extiende en grandes proporciones, según la cual, “hay que poner las cosas sobre la mesa”. Toda expresión elíptica debe pasar por la regla de estirar, para que pueda ser mensurada y comparada con otras líneas rectas. Con estas dos últimas metáforas del campo de la geometría quiero mostrar el intento de simplificación que importa la actividad de desarrollar, contrariamente a lo que comúnmente se cree. Quien piense que el acto de desarrollar es de naturaleza analítica está completamente equivocado. El desarrollo obtiene un objeto completamente diferente a su estado anterior y todo el material desarrollado no puede estar jamás contenido en el objeto sin desarrollar. El desarrollo es un movimiento de creación y como toda creación, es un movimiento de tergiversación de lo dado.

domingo, 15 de junio de 2008

HUMANO DEMASIADO HUMANO


152 El arte de las almas feas.- Se le trazan al arte límites demasiado estrechos al exigirle que sólo las almas bien ordenadas, moralmente equilibradas, puedan tener en él expresión. Así como en las artes plásticas, del mismo modo hay en la música y en poesía un arte de las almas feas, al lado del arte de las almas bellas; y los efectos más poderosos del arte, conmover las almas, mover las piedras, cambiar las bestias en hombres, es tal vez aquel arte el que mejor los ha logrado.


155. Creencia en la inspiración.– Los artistas tienen interés en que se crea en las instituciones repentinas, en las llamadas inspiraciones: como si la idea de la obra de arte, del poema, el pensamiento fundamental de una filosofía, cayese del cielo como un rayo de la gracia. En realidad, la imaginación del buen artista o pensador produce constantemente lo bueno, lo mediocre y lo malo; pero su juicio extremadamente aguzado, ejercitado, rechaza, elige, combina, así es como nos damos cuenta hoy, viendo los apuntes de Beethoven, de que ha compuesto poco a poco sus más magníficas melodías y las ha entresacado de múltiples bosquejos. El que discierne menos severamente y se abandona de buen grado a la memoria reproductora podrá, en ciertas condiciones, hacerse un gran improvisador; pero la improvisación artística está en un nivel muy bajo en comparación de las ideas de arte elegidas seriamente. Todos los grandes hombres son grandes trabajadores, infatigables, no solamente para inventar, sino todavía para rechazar, modificar, compulsar, arreglar.

Friedrich Nietzsche

domingo, 8 de junio de 2008

De los trasmundanos


En otro tiempo tambien Zaratustra proyectó su ilusión más allá del hombre, lo mismo que todos los trasmundanos. Obra de un dios sufriente y atormentado me parecía entonces el mundo.

Sueño me parecía entonces el mundo, e invención poética de un dios; humo coloreado ante los ojos de un ser divinamente insatisfecho.

Bien y mal, y placer y dolor, y yo y tú -humo coloreado me parecía todo eso ante ojos creadores. El creador quiso apartar la vista de sí mismo,- entonces creó el mundo.

Ebrio placer es, para quien sufre, apartar la vista de su sufrimiento y perderse a sí mismo. Ebrio placer y un perderse-a-sí-mismo me pareció en otros tiempos el mundo.

Este mundo, eternamente imperfecto, imagen, e imagen imperfecta, de una contradicción eterna -un ebrio placer para su imperfecto creador: -así me pareció en otro tiempo el mundo.

Y así también yo proyecté en otro tiempo mi ilusión más allá del hombre, lo mismo que todos los trasmundanos. ¿Más allá del hombre, en verdad?


Así habló Zaratustra.

Friedrich Nietzsche

miércoles, 21 de mayo de 2008

10 MOTIVOS PARA HACER ARTE


Porque nos puede llevar a un modo de abordar el mundo que deje de lado la pragmática que implica el mero sobrevivir.

Porque constituye lenguaje, es un vínculo de comunicación arrojado a la deriva, a la espera de un otro.

Porque nuestra propia obra nos traiciona y en esa traición de uno a sí mismo, somos nuestra propia cachetada y estupefacción.

Porque entendemos que el placer no debe depender simplemente de lo que el destino nos depare.

Porque ejercemos una violencia sobre el mundo que se nos ofrece aunque no lo hayamos solicitado. La cicatriz que dejamos como testigo de esa violencia, es el arte.

Porque elegimos no vivir en el paraíso e intentamos ser como dioses.

Porque es bálsamo de nuestros dolores e instigador de nuestras desdichas.

Porque no podemos realizarlo solos, necesitamos materia, barro, piedra que pintar o golpear y eso no es muy distinto a afirmar que estamos irremediablemente en este mundo. Pero que no queremos estar tampoco en otro. Queremos estar en éste como si de otro se tratara. Y el arte es el gran ‘como si’.

Porque hay un inefable fabricado con lápiz y papel.

Porque es afirmación pura de nuestro ser, en otras palabras, porque sí.

domingo, 18 de mayo de 2008

Parerga y Paralipómena

Algunos fragmentos de Arthur Schopenhauer:

"Para filosofar hacen falta dos condiciones: primera, tener el valor de no suprimir ninguna pregunta, y segunda, comprender como problema todo aquello que se comprende por si mismo, teniendo conciencia de ello"


"Querer es esencialmente sufrir, y como vivir es querer, toda vida es por esencia dolor. Cuanto más elevado es el ser, más sufre... La vida del hombre no es más que una lucha por la existencia, con la certidumbre de resultar vencido. La vida es una cacería incesante, donde los seres, unas veces cazadores y otras cazados, se disputan las piltrafas de una horrible presa. Es una historia natural del dolor, que se resume así: querer sin motivo, sufrir siempre, luchar de continuo, y después morir... Y así sucesivamente por los siglos, de los siglos hasta que nuestro planeta se haga trizas."

"Nada mejora la ignorancia del mundo como alegar, cual prueba de los méritos y valía de un hombre, que tiene muchos amigos. ¡Como si los hombres otorgasen su amistad con arreglo a la valía y al mérito! ¡Como si, por el contrario, no fueran semejantes a los perros, que aman a quien les acaricia o solamente les hecha huesos que roer, sin mas halago! Quien mejor sabe acariciar a los hombres - aun cuando sean asquerosas alimañas -, ese tiene muchos amigos."


"Es cierto que nada contribuye menos a la alegría que la riqueza, y nada contribuye más que la salud; en las clases inferiores, entre los trabajadores de la tierra, se observan los rostros alegres y contentos; en los ricos y grandes dominan las figuras melancólicas."


"Cuan limitado y pobre es el intelecto humano normal, y cuan escasa la claridad de la conciencia, se percibe en que, a pesar de la brevedad pasajera de la vida humana arrojada al tiempo infinito, la miseria de nuestra existencia, los infinitos enigmas, el carácter importante de tantas apariencias y la insuficiencia de la vida, a pesar de todo, no filosofan todos constantemente, sino sólo unos cuantos pocos, perfectas excepciones. Los demás viven en este sueño, casi como los animales, de los cuales al fin se distinguen sólo por tener la previsión de algunos años. La necesidad metafísica que quizás sintieran está prevista desde arriba y por adelantado por las religiones, que les bastan, sean como fueren. Sin embargo, pudiera suceder que en el silencio se filosofa mucho más de lo que parece, aunque sea esta filosofía... ,como sea. Realmente es nuestra situación muy deplorable; vivir un lapso de tiempo lleno de dificultades, miserias, angustias y dolores sin saber ni siquiera de dónde venimos, a donde vamos, y con todo esto tener que oír aun a los clérigos de todos los colores, con sus respectivas revelaciones y sus amenazas contra los incrédulos."


"Lo que falta en la mayoría de las cabezas son dos cualidades emparentadas: juzgar y tener ideas propias. Ambas cualidades faltan de una manera increíble y los que no pertenecen a ellos no comprenden la tristeza de su existencia."

"Para tener ideas originales, extraordinarias y quizá hasta inmortales, basta quedar extraño completamente al mundo y a las cosas por un momento."

miércoles, 7 de mayo de 2008

KANT Y LA BELLEZA

Kritik der Urteilskraft es la obra en la que Kant hace ingresar al campo de la estética en el sistema de su filosofía crítica. La introducción de esta tercera y última Crítica está abocada justamente a precisar el papel de este ámbito específico, en consonancia con lo ya elaborado en la Crítica de la razón pura y la Crítica de la razón práctica. Y esto es de una importancia cabal, porque el trabajo crítico kantiano se ha ocupado de delimitar las áreas de conocimiento a las que podemos realmente acceder.

Estableciendo facultades irreductibles entre sí, Kant confina a cada una a su propio espacio de desarrollo y aplicación. El entendimiento se encargará de conocer a la naturaleza (como fenómeno, claro está); la razón postulará ideales en el ámbito de la libertad, en un intento por despegar al hombre del férreo determinismo causal que rige lo fenoménico, haciendo base en la facultad de desear; la facultad de juzgar, por último, que es la otra cara del sentimiento de placer y de dolor, se ocupará de la finalidad en la naturaleza. En otras palabras intentará hacer de ligazón entre el mundo de la naturaleza y el mundo de la libertad, que hasta este momento se presentaban irreconciliables.


Según la distinción establecida en el parágrafo IV de la Introducción, los juicios estéticos caerán en el tipo de juicio que Kant llama reflexionante. A diferencia de los juicios determinantes, que no hacen más que subsumir lo particular en la ley universal que le es dada por el entendimiento; el juicio reflexionante no tiene ninguna ley que le sea dada a priori, y tampoco puede sacar este principio de la empiria, porque en este caso no tendría poder ninguno como ley. El juicio reflexionante prescribe su propia ley, pero no lo hace a la naturaleza, sino a sí mismo, esto es lo que Kant llama heautonomía.

Ahora bien, si el juicio reflexionante no toma sus principios del entendimiento, no estamos entonces en el ámbito del conocimiento y nos encontramos en un espacio preconceptual. Este juicio se ocupa de lo particular que se nos presenta y de su relación con el propio sujeto que juzga. La finalidad de las cosas, que está perimida en el conocimiento y que no podemos inferir de ninguna de sus cualidades, la podemos afirmar en el modo del “como si” cuando en el juicio reflexionante y sin concepto alguno, va unido un placer.

Está clara entonces la distinción entre facultades y ámbitos de aplicación, que hacen que el juicio estético no se base en conceptos. Encontramos en la pura forma del objeto, anterior a cualquier conocimiento del mismo, un placer y entonces decimos del objeto que es bello. Pero esta belleza pretendemos que todos la tengan que juzgar como tal, pretendemos entonces que este placer sea “juzgado como necesariamente unido, y consiguientemente, no sólo para el sujeto que aprehende aquella forma, sino para todo el que juzga en general”.

La Analítica de lo bello se divide en cuatro momentos, que conformarán cuatro aspectos distintos para comprender el concepto crítico de lo bello. Desde el punto de vista de la cualidad, se juzga al objeto desinteresadamente, es decir, sin un interés en su existencia como en el caso del agrado. En este último caso, hay motivos privados por los que nos place el objeto. En cambio, como dijimos, cuando decimos que algo es bello, pretendemos que todos los demás lo juzguen de igual manera. Por esto, según la cantidad “bello es lo que , sin concepto, place universalmente”. Esta es la universalidad de lo bello que creemos exigible a los demás. Pero se trata de una universalidad subjetiva. Subjetiva es sin dudas desde el momento en que esta universalidad no depende de conceptos del objeto, sino del placer que siente el sujeto. Universal es porque se la exigimos a todos los otros sujetos, porque el juicio es reflexionante, no determinante. Es decir, la universalidad de la satisfacción se extiende sobre los sujetos no sobre conceptos de los objetos.
Desde el punto de vista del juicio estético en relación con los fines, en la belleza el sujeto reflexionante encuentra solamente la forma de la finalidad, pero ningún fin. Esta finalidad sin fin es la base de nuestra satisfacción y esta satisfacción está dada por el libre juego de nuestras facultades (imaginación y entendimiento). Este libre juego de las facultades se da justamente porque no tenemos intención de conocimiento, porque el juicio de gusto es desinteresado, como dijimos en el primer momento. Si el objeto es conforme a fin, es decir si el juicio reflexionante encuentra satisfacción desinteresada, llamaremos bello al objeto, y pretenderemos entonces que lo sea “para todo el que juzga en general”, en el sentido de universalidad subjetiva anteriormente expuesto. El cuarto momento de la Analítica de lo bello, según la modalidad de la satisfacción en el juicio estético, la afirma como necesaria. Y esta necesidad que es subjetiva, se representa como objetiva “bajo la suposición de un sentido común”. Mi juicio necesario y subjetivo será un ejemplo de este sentido común que postulo como forma ideal, bajo la cual todos los juicios subjetivos tomarán el mismo sentido.

¿Qué y cómo es entonces la belleza en este sistema kantiano? En primer lugar, es la esperanza de una concordancia entre el mundo sensible y el suprasensible. Es el primer indicio de que este abismo puede ser salvado, si no desde el conocimiento, al menos desde el sentimiento. El juicio de gusto, que afirma la belleza de la naturaleza, está afirmando entonces una finalidad, sin basarse en concepto alguno y esto permite el libre juego de entendimiento e imaginación, que genera el placer por el cual identificamos a lo bello.

El giro crítico, esta vez en terreno estético, se ve claramente en el momento en que lo bello no es ya una propiedad de los objetos, sino un placer que encuentran los sujetos en la contemplación de los objetos, por el libre juego de sus propias facultades.

jueves, 1 de mayo de 2008

CLAROS DEL BOSQUE

Un fragmento del texto de María Zambrano, filósofa española del siglo XX.


Y todo alude, todo es alusión y todo es oblicuo, la luz misma que se manifiesta como reflejo se da oblicuamente, mas no lisa como espada. Ligeramente se curva la luz arrastrando consigo al tiempo. Y no se olvidará nunca que la curvatura de luz y tiempo no es castigo, o que no lo es solamente, sino testimonio y presencia fragmentada de la redondez del universo y de la vida, y que el temblor es irisación de la luz que no deja de descender y de curvarse en todo recoveco oscuro, que se insinúa así, ya que directamente no puede sin violencia arrolladora permitirse entrar en nuestro último rincón de defensa. Y los colores mismos nacen para hacernos la luz asequible. Y el Iris resplandece, antes que arriba en los cielos, abajo entre lo oscuro y la espesura, creando así un imprevisible claro propicio.

Brillan los colores sosteniéndose hasta el último instante de un desvanecimiento en el juego del aire con la luz, y del cielo que apenas perceptiblemente se mueve. Un cielo discontinuo, él mismo un claro también.

Y los colores sombríos aparecen como privilegiados lugares de la luz que en ellos se recoge, adentrándose para luego mostrarse junto con el fuego en la rama dorada que se tiende a la divinidad que ha huido o que no ha llegado todavía. Y así son breves los detenimientos del amigo del bosque. Un doble movimiento lo reclama sobreponiéndose: el de ir a ver y el de llegarse hasta el límite del lugar por donde la divinidad partió o la anunciaba. Y luego hay que seguir de claro en claro, de centro en centro, sin que ninguno de ellos pierda ni desdiga nada. Todo se da inscrito en un movimiento circular, en círculos que se suceden cada vez más abiertos hasta que se llega allí donde ya no hay más que horizonte.

Alguna figura en esta lejanía anda a punto de mostrarse al borde de la corporeidad, o más bien más allá de ella, sin ser un esquema ni un simple signo. Figuras que la visión apatece en su ceguera nunca vencida por la visión de una figura luminosa ni por esplendor alguno. Algún animal sin fábula mira desde esta lejanía. Algún jirón se desprende de una blancura no vista, algo, algo que no es signo. Nada es signo, como si se vislumbrase un reino donde lo que significa y lo significado fuera uno y lo mismo, donde el amor no tiene que ser sostenido ni la naturaleza ande como oveja perdida o sorprendida que se aparece y se esconde. Y la luz no se refleja ni se curva ni se extiende. Y el tiempo sin derrota no transcurre, allá lejos donde se enuncia el centro al que espejan en instantes los claros de este bosque.

Y la visión lejana del centro apenas visible, y la visión que los claros del bosque ofrecen, parecen prometer, más que una visión nueva, un medio de visibilidad donde la imagen sea real y el pensamiento y el sentir se identifiquen sin que sea a costa de que se pierdan el uno en el otro o de que se anulen.

Una visibilidad nueva, lugar de conocimiento y de vida sin distinción, parece que sea el imán que haya conducido todo este recorrer análogamente a un método de pensamiento.

domingo, 20 de abril de 2008

ALGO IMPORTANTE


Hay lecturas a las que siempre hay que volver. Aunque estén ya en nosotros porque nos han marcado, volvemos a encontrar en ellas horizontes insospechados y sobre todo, volvemos a reencontrarnos con nosotros mismos en ellas.

Es el caso del Banquete de Platón, que en su comienzo y antes de entrar en el tema principal de la obra (la erótica, la belleza, el amor), nos regala con el siguiente fragmento en boca de Apolodoro:

"Por lo demás, cuando hago yo mismo discursos filosóficos o cuando se los oigo a otros, aparte de creer que saco provecho, también yo disfruto enormemente. Pero cuando oigo otros, especialmente los vuestros, los de los ricos y hombres de negocios, personalmente me aburro y siento compasión por vosotros, mis amigos, porque creéis hacer algo importante cuando en realidad no estáis haciendo nada. Posiblemente vosotros, por el contrario, pensáis que soy un desgraciado, y creo que tenéis razón; pero yo no es que lo crea de vosotros, sino que sé muy bien que lo sois." 173c

sábado, 12 de abril de 2008

CALVIN & HOBBES





















PENSAR CON LA LENGUA


El lenguaje es aquello que a todos nos comunica y nos incomunica.

Si digo "soy feliz" lo hago porque es una construcción gramatical que todos van a poder entender, y además sé que su significado también va a ser comprendido fácilmente.


Pero cualquiera puede decir "soy feliz" y no quiere expresar lo mismo que yo, mi felicidad no es cualquiera, es esta disposición fugaz en la que yo solo me encuentro.


Todo aquel que quiere realmente expresarse, entiende muy pronto que el lenguaje no le alcanza, pues cuando todos lo entienden, entonces nadie lo ha comprendido. El paso obligado es la búsqueda de un lenguaje propio, si es que tal cosa existe. Cuando uno lleva esto al extremo, puede transformarse en poeta, que es la concreción acabada de la persona que construye su propio lenguaje.


Pero el precio a pagar es que al poeta casi nadie lo comprenda. Pues de la misma manera que a él le requiere toda su vida llegar a expresarse de manera tan íntima, el lector también necesita de un cierto trabajo para salir de su lenguaje compartido y tratar de internarse en los nuevos significantes.


Cuando el lenguaje es arte, más que nunca, lo que está escrito no es lo que es. El ejemplo más conocido de esta afirmación es lo que se conoce como metáfora. Ella dice "no soy lo que digo". Pero todo el lenguaje se comporta de esta forma y toda obra de arte es re-presentación de otra cosa.


¿Qué es aquella otra cosa? Pues la misma persona que produce la obra no lo sabe con certeza. Porque ¿cómo ha de conceptualizar sin lenguaje? Apenas se intenta pensarlo, ya se lo está ocultando.



Entonces tenemos una obra que de alguna manera está ahí negándose a sí misma, diciendo "estoy en lugar de otra cosa, pero no puedo decirlo", como el Oráculo de Delfos que nada dice ni oculta, sino que indica.


Y si esto es así, no tenemos entonces ni significado ni significante. Sólo hay algo en lugar de algo.


Y en medio de eso estamos nosotros, intentando hacer de ese símbolo algo que nos signifique. Que tienda un puente entre lo otro y lo propio.


Entendiendo, sobre todo, que la propia felicidad es incomunicable y que esto mismo es lo que la hace frágil y perecedera.