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martes, 5 de abril de 2011

TALLERES DE FILOSOFÍA

Hoy participé en un encuentro organizado en la Biblioteca del Congreso de la Nación. La propuesta era para docentes de talleres de filosofía con la idea de juntarnos y ver qué anda haciendo cada uno y de qué modo podemos hacer un trabajo conjunto.

Quiero dejar simplemente una mención de algunos puntos importantes:


En primer lugar hay que ver la heterogeneidad de los que ahí estabamos (docentes, graduados, profesores, doctorados, pertenecientes a distintas universidades), pero sobre todo la variedad del ámbito en que cada uno se desarrollaba por fuera de la enseñanza formal.


Había quienes trabajaban en bachilleratos populares, en seminarios informales alrededor de teoría queer, en talleres de filosofía dentro de grandes empresas, de museos, en filosofía para niños, en cárceles, en pequeños grupos autogestionados, en teatros con grandes grupos de estudio, en clubes de lectura filosófica, en centros culturales barriales.

Y las propuestas y dinámicas también eran de lo más variadas, fue para mí muy enriquecedor ver muchos de los espacios que puede ocupar la práctica filosófica por fuera de los ámbitos académico-universitarios. Y conocer a muchos de los que se ocupan de esas tareas hace años. Si bien fue una primera reunión, que sirvió sobre todo para presentarnos, me gustó mucho que las personas de la comunidad filosófica que ahí estabamos pudimos trabajar con algunas propuestas preliminares de una forma abierta, democrática, casi asamblearia. Los invito a visitar la página de Cultura en Movimiento, el programa de la Biblioteca del Congreso de la Nación que funcionó como anfitrión del evento y parece estar haciendo un trabajo muy bueno. http://www.culturaenmovimiento.org/

viernes, 15 de mayo de 2009

DE MAESTROS Y PROFESORES


En los procesos de aprendizaje hay en un principio etapas de distinción y luego etapas de síntesis o aprehensión totalizante. El mundo es Apeiron, lo indeterminado o lo infinito, una argamasa que comienza a resolverse con la distinción.

Dios separa las tinieblas de la luz, las aguas de la tierra, los animales de las plantas, las distintas especies, la Especie. El bebé comienza a distinguir desde las primitvas sensaciones de placer y rechazo hasta que años más tarde puede decir "esto que siento no es tristeza ni remordimiento, es angustia". El pintor aprende distintas técnicas para expresarse y realiza diversas mezclas de colores, utilizando varios materiales. Es la etapa de la multiplicación de lo existente, del desprendimiento cada vez mayor de singularidades que estaban o no en aquel confuso Apeiron, de la individuación. Desgranamos el mundo, encontramos moléculas y creemos encontrar lo indivisible (a-tomo) pero la distinción sigue su camino y hallamos neutrones y quarks, encontramos quarks de distintos colores.

Llega un punto en que la capacidad de distinción no nos es más útil. ¿Qué hacemos con tantas cosas sueltas? Nos encontramos con muchas piezas de un rompecabezas del que no somos capaces de vislumbrar siquiera su contorno. Aquí es donde entran en juego nuestras capacidades de asociar primero y luego de sintetizar.

Poco es lo que las singularidades pueden decirnos si no comenzamos a relacionarlas entre sí y a relacionarnos nosotros con ellas. Nos damos cuenta de que la caída de una manzana desde un árbol y las revoluciones de la Luna alrededor de nuestro planeta, dos fenómenos aparentemente tan disímiles, obedecen a la misma ley física. Dios pone al resto de las especies al servicio de la Especie. Los electrones pueden iluminar un hogar y los núcleos atómicos en reacción en cadena arrasar con la vida de millones de personas.

Pero aún hay otra etapa que es quizás deudora de la síntesis y es en la que simplificamos toda esta maraña de singularidades que se comunican y actúan entre sí. Y llegamos a postular ciertos principios elementales, que están a la base de nuestro saber y nuestro actuar. La armonía en la pintura o la Gracia divina pueden ser algunos ejemplos. Quien se enfrenta al mundo con la mirada de un maestro y no de un aprendiz, advierte que puede totalizar una experiencia que va un poco más allá de la síntesis de singularidades, pero que necesariamente ha pasado por las primeras etapas.

En este punto nos asemejamos más al recién nacido que somos cada vez que abrimos los ojos por la mañana y todo se presenta aún confuso e indistinguible. Y nosotros formamos parte de ese Apeiron. Y nos sabemos parte de él, lo que nos diferencia del recién nacido. Es un retorno que no es ingenuo al lugar de donde hemos venido. No hay viaje que no modifique nuestras verdades.

El Maestro puede equivocarse, pero su equivocación es mejor que la certeza de quien sólo es capaz de enumerar distinciones.

sábado, 2 de mayo de 2009

ENTRE LOS MUROS


Quiero recomendar esta película francesa del director Laurent Cantet (Recursos humanos, El empleo del tiempo, entre otras buenas obras anteriores), que trata sobre la relación entre un profesor y sus alumnos, entre ellos y la comunidad educativa en una escuela de enseñanza media en las afueras de Paris.

La película escapa a la mayoría de los clichés típicos del genéro en los que un profesor entra a una clase conflictiva y logra, mediante un amor incondicional por los alumnos y relaciones que se transforman en personales, lo que ningún otro profesor había podido hasta entonces. Que los chicos quieran aprender, que quieran estar ahí en el colegio y que admiren al profesor y se interesen por lo que hacen en clase. Pasa esto en Al maestro con cariño o Freedom writers.

En Entre los muros, en cambio, podemos ver el hastío de los profesores, la distancia insalvable que hay entre profesores y alumnos más allá de las buenas intenciones, las ausencias y presencias de los padres, la violencia implícita y explícita que circula en el aula, los conflictos raciales y sobre todo, el telón de fondo del aprendizaje. Qué se aprende, para qué se aprende y si realmente se está aprendiendo algo sustantivo.

El final de la película incluye dos momentos muy importantes, uno con la mención de La República de Platón y el otro con la intervención de una chica que recién en la última clase se anima a tomar la palabra. Y dice quizás lo más importante.

domingo, 19 de abril de 2009

IN MEMORIAM


"¿Cómo pueden una serie de puntos, que no tienen ninguna de las tres dimensiones, ni ancho, ni largo ni profunidad, formar una línea que se extiende en una de estas dimensiones? ¿Cómo se puede, profesor, pasar de muchas no dimensiones a una dimensión?" recuerdo haberle preguntado a Gregorio Klimovsky, hace ya más de 10 años, en un aula superpoblada, con humo de cigarrillos -todavía no se había prohibido fumar dentro de las aulas en Puán-, en el pizarrón un dibujo a tiza de Klimovsky representando la hipotética vista de una punta de alfiler magnificada por un poderoso microscopio.


Estabamos hablando sobre el punto, veníamos del nacimiento de la geometría en el antiguo Egipto y pronto habríamos llegado a la geometría no euclideana. -"Esa es una de las antionomias de la razón pura. Lea a Kant." me respondió, no sobradoramente, sino con ese guiño que nos hace sentir parte de la comunidad de pensamiento, que nos incluye automáticamente en la tradición de los que se detuvieron a pensar sobre el concepto de 'punto'.


Pero allí no se detuvo la cosa, me contestó la cuestión, habló de orejas, cabezas y rostros, argumentó sobre las razones que Russell encontró para solucionar ese problema al que Kant había nombrado insoluble.


Es tarde y sé que no es bueno esto que escribo, pero poco importa. La muerte se ha llevado otro gran profesor, otro gran filósofo y uno no puede menos (no puede realmente) que dedicar unos minutos en su recuerdo.