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martes, 23 de octubre de 2012

EL RACISMO IMPERIAL

A principios de este año, subimos una entrada al blog presentando algunas de las ideas centrales del libro Imperio de Toni Negri y Michael Hardt. Sabemos que es una obra que ha recibido numerosas críticas, tanto desde la izquierda como desde la derecha, pero no es este el momento de ocuparnos de ese tema. http://aquiestalarosa.blogspot.com.ar/2012/01/imperio.html

Unos pocos años antes y en ocasión de un homenaje a Gilles Deleuze organizado luego de su muerte, Michael Hardt escribe un artículo titulado "La sociedad mundial del control" en el que enlaza las apuestas principales del famoso Post-scriptum sobre las sociedades de control de Deleuze con su visión del nuevo Imperio naciente.



Lo más interesante del artículo es una nueva concepción sobre el racismo, que se apoya también en los trabajos que Étienne Balibar publicó junto a Immanuel Wallerstein en Raza, nación, clase (1988). Allí podemos leer de la pluma de Balibar:

"¿En qué medida conviene hablar de un neorracismo? La actualidad nos impone esta cuestión con formas que varían algo de un país a otro, pero que sugieren un fenómeno transnacional. No obstante, se puede entender en dos sentidos. Por una parte: ¿asistimos a una renovación histórica de los movimientos y de las políticas racistas, que se explicaría por una coyuntura de crisis o por otras causas? Por otra:, en sus temas y en su significación social, ¿se trata realmente de un racismo nuevo, irreductible a los "modelos" anteriores, o de una simple adaptación táctica?" 


Para Michael Hardt, el nuevo ordenamiento mundial y el triunfo cada vez más claro del Imperio por sobre las soberanías nacionales, trae aparejado un nuevo tipo de racismo, aún cuando se quiera afirmar que hay un debilitamiento del racismo, que la progresiva aplicación de los principios liberales lleva adelante esta transformación hacia un mundo sin discriminación de razas.

"Desde nuestro punto de vista, sin embargo, al contrario es claro que el racismo no ha cedido y que, en realidad ha progresado en el mundo contemporáneo, a la vez en extensión y en intensidad. Sólo parece haber declinado porque ha cambiado de forma y de estrategias."

¿Cuáles son entonces las nuevas formas y estrategias del racismo imperial?


Se evidencia un pasaje de una teoría del racismo fundada en la biología (los negros, los indios son cualitativamente inferiores) a una fundada en la cultura, que sostiene la igualdad de razas biológicas. La teoría racista postmoderna es una teoría de la segregación y no de la jerarquía, las diferencias culturales son irreconciliables y justifican las separaciones y segregaciones.

“Según la teoría imperial, la hegemonía y la sumisión de las razas no es una cuestión teórica sino que aparece a lo largo de una libre competencia, una especie de ley del mercado de la meritocracia cultural.” 


De esta forma, si los latinos son menos disciplinados y tienen calificaciones más bajas en las escuelas que los coreanos, no se trata de una cuestión biológica, sino de costumbres que podrían cambiarse.



“Lo propio de la dominación blanca, es desarrollar el contacto con la alteridad para enseguida someter las diferencias según los grados de desviación con el  carácter blanco. Esto no tiene nada que ver con la xenofobia, que es el odio y el temor al bárbaro desconocido. Es un odio nacido de la proximidad y que se desarrolla con los grados de diferencia de la vecindad.” 

La segregación es entonces un problema de grados, aunque en los hechos se crean jerarquías raciales con ejes tan estables como los biológicos.

Lo que se manifiesta en el Imperio es que estamos inmersos en una gigantesca máquina de inclusión, por eso vemos reivindicaciones de la diferencia para quedar afuera completamente. Hay quienes piden no ser incluidos, quienes no quieren ser administrados por el poder del mercado.

Pero “cualquier tentativa de seguir siendo otro en el cara-a-cara del Imperio es vana. El Imperio se nutre de la alteridad, relativizándola y gestionándola.” 


viernes, 6 de enero de 2012

IMPERIO

En el año 2000 el veterano filósofo y activista comunista Toni Negri y un joven Michael Hardt presentan "Imperio". Una lectura del mundo contemporáneo desde una izquierda remozada con las lecturas de Foucault y Deleuze, entre otros. Aquí algunas de las ideas importantes del libro.



Luego del derrumbe de la URSS, asistimos a una acelerada globalización que está debilitando cada vez más la soberanía de los Estados-nación, a la vez que se materializa el “imperio”, una nueva forma de soberanía global “compuesta por una serie de organismos nacionales y supranacionales”. Debilitamiento de los Estados-nación y fortalecimiento del imperio, son dos caras de la misma moneda.

No hay que confundir al imperio naciente con el imperialismo, este último es un fenómeno que se basa en la expansión del territorio y poderío de los Estados-nación. El imperialismo ejerce su poder desde su capital, establece fronteras delimitadas. “En contraste con el imperialismo, el imperio no establece ningún centro de poder y no se sustenta en fronteras o barreras fijas. Es un aparato descentrado y desterritorializador”. Además, las identidades que maneja son híbridas y las jerarquías flexibles.

Estos cambios se corresponden con la transformación de la producción, desde un régimen industrial en fábricas a otro comunicativo, afectivo. “En la posmodernización de la economía global, la creación de la riqueza tiende aún más hacia lo que llamaremos la producción biopolítica”. El imperio tiene tres características principales: no tiene fronteras territoriales, se presenta por fuera del régimen histórico (no tiene fronteras temporales), domina todos los órdenes del mundo social (no tiene frontera su control interno). “El imperio no sólo gobierna un territorio y una población, también crea el mundo mismo que habita.” En cuarto lugar, aunque el concepto de imperio esté dedicado a la paz, su práctica está “bañada en sangre”.


Negri y Hardt explicitan la tarea política a realizar, que consiste no tanto en resistir a estos procesos, cuanto en “reorganizarlos y redirigirlos hacia nuevos fines”, aparece aquí “la multitud” como el sujeto político colectivo que permitiría construir un “contraimperio”, que invente nuevas formas democráticas y que permita superar en última instancia el dominio imperial.

El orden que se está formando no surge espontáneamente ni por el mercado ni por la astucia de la razón, pero tampoco está dirigido desde un poder oculto, central y omnisciente. Hardt y Negri quieren dar cuenta de la constitución del imperio en términos jurídicos, para eso analizan el surgimiento de las Naciones Unidas, que representa a la vez la maduración y la crisis de un orden internacional que se encamina pronto hacia un orden global. Hans Kelsen fue uno de los padres teóricos de la validez del derecho internacional (y en última instancia supranacional) para fundamentar el derecho estatal. Buscaba una norma fundamental, universal, a partir de la cual toda otra ley se debería formar. Pero entre la teoría de Kelsen y la realidad, pasaron muchas cosas, entre ellas, empezó a tomar forma “el concepto jurídico de imperio”, que plantea un cambio de paradigma jurídico.

Las transformaciones jurídicas ponen de manifiesto los cambios que nos llevan al imperio y que por supuesto implican transformaciones políticas, culturales y ontológicas. Investigando su genealogía se puede ver que el imperio romano ha tratado de unificar derecho y ética y presentarse como “permanente, eterno y necesario”. Los dos caminos que se desarrollaron en la modernidad: el del derecho internacional y de la utopía de la “paz perpetua” parecen unificarse en el nuevo derecho del imperio. La resurrección del concepto de “guerra justa” es un signo importante del advenimiento del imperio.

El imperio es un sistema jerárquico, que produce legitimidad desde una estructura dinámica y flexible articulada horizontalmente a la vez que reclama una autoridad central. Los valores que lo fundamentan son la paz y el equilibrio. Se presenta como una máquina de creación continua de acuerdos que crean un requerimiento de autoridad. La autoridad imperial es convocada para resolver conflictos y debe estar respaldada por consensos. La autoridad, como lo mostró Schmitt, está asociada a la capacidad jurídica de definir la excepción y aplicar los instrumentos necesarios para solucionar las crisis. Se funda así un derecho de policía universal. Este derecho de policía queda legitimado por valores éticos universales que permiten intervenir en los Estados particulares. Los individuos entramos en relación directa y ya no mediada por lo local, con los valores éticos universales. Pero el imperio naciente puede ser visto a la vez como un imperio en crisis, decadencia o corrupción. “La cuestión de la definición de la justicia y la paz no alcanzará una verdadera resolución; la fuerza de la nueva constitución imperial no se corporizará en un consenso que se articule en la multitud.”