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domingo, 12 de febrero de 2012

ÁGORA

Ayer vi la película española "Ágora", dirigida por Alejandro Amenábar (Tesis, Mar Adentro, Abre los ojos) y protagonizada por Rachel Weisz. La producción gigantesca y el tipo de narración convencional corresponden al estilo de entretenimiento hollywoodense. En este sentido la película es correcta, está razonablemente bien lograda.

La trama se centra alrededor de la vida de la filósofa neoplatónica Hipatia de Alejandría, que vivió en esta ciudad egipcia (bajo control del Imperio Romano) hacia fines del siglo IV de la era cristiana. Veamos algunos de los elementos que se ponen en juego en el relato.



1. La vida de Hipatia retratada es bastante cercana a lo que se conoce por los testimonios de alumnos de ella y de historiadores cercanos a la época. Lo que está directamente fabulado por los guionistas son las historias de amor con su esclavo y otros personajes como Orestes. O mejor dicho el amor que ellos parecían profesarle y la falta de interés que ella tenía al respecto. De todas formas, la escena en la que Hipatia le regala un pañuelo con sangre de su menstruación a uno de sus pretendientes, parece tener raíces históricas. Así y todo, una versión indica que murió virgen y otra que estuvo casada con Isidoro el Filósofo. Su asesinato fue, como se muestra en la película, obra de los cristianos seguidores de Cirilo, aunque con dos pequeños cambios respecto a lo que se muestra en el film. El primero es que no hubo ningún esclavo enamorado que la ahogó para que no sufriera una muerte más cruel. La apedrearon viva hasta descuartizarla y después de exhibir sus restos triunfalmente, los quemaron. Tampoco la edad de su muerte parece adecuada, algunos expertos indican que tenía 45 años, otros que tenía 60.


Hipatia, a la izquierda de Parménides en la pintura La escuela de Atenas, de Rafael

2. Lo que se pone en juego en la película (y en la admiración que a lo largo de la historia se ha desplegado alrededor de su figura) es, por supuesto, su condición de mujer, de filósofa mujer, en un mundo predominantemente masculino. Aquí el término "predominio" tiene que ser entendido no como la diferencia entre una mayoría y una minoría, sino como una anterioridad lógica (pre) respecto al poder que se ejerce sobre el domus, sobre la propia casa y las posesiones. En este sentido, Hipatia representa no una inversión del predominio masculino sobre el género femenino, sino su principio de disolución.

Pero este desafío al predominio masculino se presenta junto con un elemento adicional que inserta la disputa más básica machismo-feminismo, en otra con más tensiones. Hipatia no sólo aparece como una figura mucho más inteligente que todos los hombres de la película. Sus dos ayudantes son esclavos y son mejores alumnos que los hombres de familias acomodadas que terminarán ocupando importantes cargos civiles y eclesiásticos.

Y aunque Hipatia intenta mediar entre paganos y cristianos afirmando en base a uno de los principios de Euclides que hay entre ellos más cosas en común que diferencias, no parece reparar en las cosas en común que hay entre los hombres (y mujeres) libres y los esclavos.

Este es el verdadero centro problemático de la historia. No el que intenta ver cómo una mujer-filósofa queda atrapada en la pelea político-religiosa entre distintas facciones (cristianos-paganos o poder religioso-poder terrenal). El problema -que contiene a los recién nombrados como casos- es cómo se construye una comunidad, qué es lo común que hay en ella, cuáles son los elementos iguales que en la geometría euclideana son tan claros pero en el campo de la colectividad humana no lo son tanto. Hasta qué punto la hermandad -concepto caro a la religión cristiana- puede anudar una construcción comunitaria.

Por supuesto está aquí presente el problema del sacrificio en la construcción de la comunidad. Para comenzar a pensar este tema hay que remitirse al famoso ensayo La violencia y lo sagrado de René Girard. Y luego revisar las discusiones que contemporáneamente han realizado filósofos como Agamben, Nancy, Blanchot, Derrida, Esposito o Negri. Traigo estos pensadores a la mesa de debate porque creo que el intento que realizan para pensar la comunidad corriéndose de las categorías modernas de sujeto, identidad y conciencia, pueden permitir un enfoque que rompa la dicotomía ellos-nosotros que aparece clara en los planteos políticos y filosóficos que aparecen en la película, en la que se ve como "lo común" pensado tanto como conjunto parcial frente a otro conjunto parcial (libres-esclavos) o como universalismo cristiano, lleva a una violencia que se expresa no sólo en las torturas y matanzas explícitas, ni en el asesinato de la "heroína". El problema es este: quién se arrodilla ante quién.



3. El pre-dominio no es sólo de género o clase sino, como dijimos, es ante todo lógico. Obtura el pensamiento. Este es el motivo por el que el movimiento en el mundo supralunar no puede ser pensado más que como circular, la más perfecta de las figuras. Aquí la película se toma algunas licencias más que importantes respecto al personaje histórico, con la finalidad de acentuar la contraposición entre la filosofía-ciencia (que puede revisar sus supuestos tal como le dice Hipatia a uno de sus ex-alumnos, devenido obispo) y la religión dogmática que se enfrente a ella. El paralelismo con Galileo y su relación con la Iglesia es inevitable.

Pero en este afán de asignar a Hipatia -sin dudas una gran matemática y astrónoma- estas cualidades de librepensadora, le asignan hipótesis que en una sola persona y con mil años de anticipación, parecen sumar los trabajos de Copérnico, Galileo Galilei, Tycho Brahe y Johannes Kepler.

Esto no significa que la película no muestre muy bien cómo en la época en que vivió y murió Hipatia de Alejandria, el cristianismo hizo arrodillar al poder político, a las otras religiones y a la filosofía "pagana". Esa costumbre que podemos ver en el cristianismo temprano, sigue hoy en día, por otros caminos.

Pero la podemos reconocer en algo tan simple como la dificultad que tuvo esta película en encontrar distribuidores en Estados Unidos y en Italia, luego de la presión ejercida por sucedáneos de la Inquisición como el Observatorio Antidifamación Religiosa http://www.oadir.org/index.php?option=com_content&task=view&id=166&Itemid=

La polémica que generó en Italia el intento de boicot a la película, puede ser leída aquí



Universo aristotélico-ptolemaico








jueves, 24 de febrero de 2011

TRES CONTRAPOSICIONES NIETZSCHEANAS

"Hermanos míos, ¿para qué se precisa que haya el león en el espíritu? ¿Por qué no basta la bestia de carga, que renuncia a todo y es respetuosa?
Crear valores nuevos -tampoco el león es aún capaz de hacerlo: mas crearse libertad para un nuevo crear- eso si es capaz de hacerlo el poder del león.
Crearse libertad y un no santo incluso frente al deber: para ello, hermanos míos, es preciso el león."


Esta segunda transformación del espíritu relatada por Zaratustra al comienzo de la obra de Nietzsche, da cuenta del trabajo continuo de negación que es propio del filósofo. El león se enfrenta a los valores milenarios, tradicionales, aceptados y venerados socialmente, a los supuestos que no pueden ser puestos en duda, a lo sagrado. Tiene que negarlos justamente para poder hacerse un espacio de libertad, de otra manera, aplastado como el camello por la pesada carga de los valores, nada nuevo podrá proponer.

Jamás se cansará Nietzsche de practicar esta negación de los valores y supuestos tradicionales. Este es un rasgo distintivo de Nietzsche: a la hora de buscar enemigos, los busca de la talla más alta posible. Leemos en Ecce Homo:



"Yo sólo ataco cosas que triunfan -en ocasiones espero hasta que lo consiguen."


A lo largo de toda su obra, una y otra vez, vuelve a atacar los pilares fundamentales de la metafísica y la moral, contraponiendo a estos supuestos, otras formas de entender nuestra vida y nuestro mundo. Y rescatando cada vez que realiza un ataque, aquellos conceptos que lo sagrado dejó de lado, que denigró, ocultó o silenció. Así, para entrar en el pensamiento nietzscheano, es muy útil repasar algunas contraposiciones básicas que recorren prácticamente toda su filosofía.

1. ALMA - CUERPO

El cuerpo, ese gran olvidado en la tradición filosófica que heredamos de Platón. Esa cárcel para el alma, que parece sumar todos los terrores juntos: se corrompe, se tienta, se equivoca (o directamente no es capaz de pensar), enferma y muere. Los filósofos son generalmente recordados como grandes cabezas que piensan, pocas veces se les asigna un cuerpo. Este modo de entender la filosofía y la negación del cuerpo asociada sobre todo a los grandes pensadores, siempre me hizo pensar que la historia de la filosofía se debería ver más o menos así: cabezas conservadas en formol con un nombre debajo, esas cabezas siguen repitiendo una y otra vez sus verdades eternas y la ausencia de un cuerpo es la confirmación de la importancia de su pensamiento.


"En otro tiempo el alma miraba al cuerpo con desprecio: y ese desprecio era entonces lo más alto: -el alma quería el cuerpo flaco, feo, famélico. Así pensaba escabullirse del cuerpo y de la tierra.
¡Oh!, también esa alma era flaca, fea y famélica: ¡y la crueldad era la voluptuosidad de esa alma!
Mas vosotros también, hermanos míos, decidme: ¿qué anuncia vuestro cuerpo de vuestra alma? ¿No es vuestra alma acaso pobreza y suciedad y un lamentable bienestar?"
Así habló Zaratustra

El debilitamiento del cuerpo es todo lo que logra este modo de entendernos, para no ser gobernados por él deberíamos reducirlo a su mínima expresión. Pero esto llevaría entonces a la pobreza espiritual. En La gaya ciencia Nietzsche reivindica el pensamiento que nace de nuestro cuerpo, de nuestro cuerpo doloroso, enfermo, ese que a él mismo le trajo intensos dolores ya desde su juventud.

"A los filósofos no les está permitido establecer una separación entre el alma y el cuerpo, tal como lo hace el pueblo y menos aún nos esta permitido separar alma y espíritu. Nosotros no somos ranas pensantes ni aparatos de objetivación ni de registro, con las vísceras congeladas -continuamente tenemos que parir nuestro pensamientos desde nuestro dolor, y compartir maternalmente con ellos todo cuanto hay en nosotros de sangre, corazón, fuego, placer, pasión, tormento, conciencia, destino, fatalidad."

2. DÉBIL - FUERTE

"El cristianismo ha tomado, partido por todo lo débil, bajo malogrado, ha hecho un ideal de la contradicción a los instintos de conservación de la vida fuerte; ha corrompido la razón incluso de las naturalezas dotadas de máxima fortaleza espiritual al enseñar a sentir como pecaminosos, como descarriadores, como tentaciones, los valores supremos de la espiritualidad."



En El Anticristo queda claro como en ninguna otra obra el motivo del rechazo a todas las tendencias que exaltan la debilidad, que hacen del fracaso un triunfo, que reprimen toda demostración de fortaleza de nuestro espíritu que pudiera ensombrecer la fortaleza del espíritu superior de la divinidad. Se trata entonces de volver a dotar al hombre de la fortaleza que le es propia, de dejar de adorar a la humildad como el valor supremo de toda persona y de comenzar a alimentar todo lo que nos haga más fuertes, más potentes, más capaces. Si nos entendemos como criaturas que dependen de una figura paternal para ser salvadas, jamás dejaremos de estar arrodillados.

"Queréis crear un mundo ante el que podáis arrodillaros: esa es vuestra última esperanza y vuestra última ebriedad."

Así habló Zaratustra

3. TRASCENDENTE - INMANENTE


En Humano demasiado humano asistimos al derrumbe definitivo de todo origen divino de nuestros principios. Aunque Nietzche no utilice literalmente la contraposición trascendente-inmanente, es quizás la mejor para entender de qué manera ya no hay eternidad, sino historia, ya no hay verdades, sino máscaras. Los que defienden la tarea de la filosofía como búsqueda de esencias (los platónicos), son en realidad quienes han olvidado, son desmemoriados o prefieren proponer un fundamento último allí donde no lo hay:

"Estos filósofos olvidan que todo ha llegado a ser; no existen hechos eternos, así como no existen verdades absolutas. Por ello, de ahora en adelante, se hace necesario el filosofar histórico."

Las verdades, transitorias, provisorias, verdades con minúscula están siempre asociadas al mundo sensible, al mundo de sombras de la caverna platónica, a lo que Nietzsche llamaba 'la tierra'. Todo lo que hay, aunque parezca divino es humano, demasiado humano.

En palabras de Zaratustra:

"El yo aprende a hablar con mayor honestidad cada vez: y cuanto más aprende, tantas más palabras y honores encuentra para el cuerpo y la tierra.
Mi yo me ha enseñado un nuevo orgullo, y yo se lo enseño a los hombres: ¡a dejar de esconder la cabeza en la arena de las cosas celestes, y a llevarla libremente, una cabeza terrena, la cual es la que crea el sentido de la tierra!
Una nueva voluntad enseño yo a los hombres: ¡querer ese camino que el hombre ha recorrido a ciegas, y llamarlo bueno y no volver a salirse a hurtadillas de él, como hacen los enfermos y moribundos!
Enfermos y moribundos eran los que despreciaron el cuerpo y la tierra y los que inventaron las cosas celestes y las gotas de sangre redentora: ¡pero incluso estos dulces y sombríos venenos los tomaron del cuerpo y de la tierra!"




Nietzsche sabía muy bien identificar a sus enemigos. Y el platonismo es su principal adversario, para empezar porque si hacemos un repaso de la historia de la filosofía, al menos hasta el siglo XIX podemos decir que el platonismo ha triunfado. Ha triunfado la exaltación del alma y el desprecio del cuerpo. Triunfó la concepción de la filosofía como búsqueda de esencias, de verdades eternas, perfectas e inmutables que son independientes del quehacer humano. Filosofías materialistas como la de Epicuro, que hacen pie en la tierra y en el cuerpo, han sido relegadas, sus obras quemadas.

Más aún, con el triunfo del cristianismo en Occidente, estas concepciones platonicas han permeado en la cultura europea, de tal forma que es necesario extirparlas violentamente. Alma-debilidad-trascendencia vs. Cuerpo-fortaleza-inmanencia. Esa es la lucha contra el platonismo devenido cristianismo.

En Más allá del bien y del mal, Nietzsche inmortaliza la definición del cristianismo como "platonismo para el pueblo" y sella de esa manera la hermandad de valores y en consecuencia la unidad del enemigo a quien enfrentar.

"La lucha contra Platón o, para decirlo de una manera más inteligible para el “pueblo”, la lucha contra la opresión cristiano-eclesiástica durante siglos -pues el cristianismo es platonismo para el “pueblo”- ha creado en Europa una magnifica tensión del espíritu."