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domingo, 9 de enero de 2011

LA TRANSGRESIÓN

Montado entre la sexualidad y la muerte, el erotismo juega entre lo imposible y lo prohibido, lo atraviesa, lo trastoca, lo torna límite interno e inevitable. Eros se presenta haciendo a un lado sus máscaras de violencia, invitando, obligando a recorrer lo que separa lo sagrado de lo profano.

El modo de entender el erotismo para Georges Bataille está efectivamente ligado a las prohibiciones del asesinato y del incesto, a la interdicción de la profanación del cadáver y de la virgen. Así las sociedades se ordenan sobre los tabúes que ordenan y regulan los desenfrenos de las dinámicas corporales.

"Tal es la naturaleza del tabú: hace posible un mundo sosegado y razonable, pero, en su principio, es a la vez un estremecimiento que no se impone a la inteligencia, sino a la sensibilidad."






Pero la transgresión al tabú no es, como podría pensarse en un primer momento, un puro deshacer reglas, una vuelta a la violencia animal. Más bien, forma parte del ordenamiento en tanto se trata siempre de una transgresión reglada y complementaria a lo prohibido.

"La transgresión organizada forma con lo prohibido un conjunto que define la vida social. Por su parte, la frecuencia -y la regularidad- de las transgresiones no invalida la firmeza intangible de la prohibición, de la cual ellas son siempre un complemento esperado, algo así como un movimiento de diástole que completa uno de sístole, o como una explosión que proviene de la comprensión que la precede."
La explosión de la que habla Bataille es la de lo sagrado. La transgresión se da en el modo de la fiesta, por definición el evento de los excesos y de las excepciones a lo que regula la vida cotidiana o profana. Allí tomamos y somos tomados, despilfarramos, derrochamos, dejamos de lado la moderación que imponen las costumbres de la vida comunitaria, para transgedirlas también en el modo de la excepción comunal.




"La sociedad humana no es solamente el mundo del trabajo. Esa sociedad la componen simultáneamente -o sucesivamente- el mundo profano y el mundo sagrado, que son sus dos formas complementarias. El mundo profano es el de las prohibiciones. El mundo sagrado se abre a unas transgresiones limitadas. Es el mundo de la fiesta, de los recuerdos y de los dioses [...] La prohibición responde al trabajo, y el trabajo a la producción. Durante el tiempo profano del trabajo, la sociedad acumula recursos y el consumo se reduce a la cantidad que requiere la producción. Por excelencia, el tiempo sagrado es la fiesta."

La fiesta es para comenzar el momento de la consagración a la divinidad. Se puede sacrificar allí, como afirman Mauss y Hubert el alimento más preciado: el mejor animal o lo más selecto de la cosecha. Desde la óptica del mundo profano, se trata de un derroche, pero la significación cambia en la liturgia religiosa. De este modo Bataille afirma la relación indisoluble que existe entre religión y transgresión. El dogma religioso dicta las reglas que ordenan la transgresión, decide cómo y cuándo se realiza el shabbat y cuáles son los rituales del exceso.

"La dilapidación funda la fiesta; la fiesta es el punto culminante de la actividad religiosa. [...] La religión ordena esencialmente la transgresión de las prohibiciones."

Hasta aquí El erotismo de Georges Bataille.

Michel Foucault, en su "Prefacio a la transgresión" dialoga con el texto de Bataille y realiza unas aperturas de una delicadeza extraordinaria hacia Kant, Nietzsche, Sade. Atravesando la sexualidad por la muerte de Dios, que lleva a la experiencia interior batailleana, Foucault desarma algunas de las certezas que estaban presentes en El erotismo y se acerca unos pasos más hacia Blanchot entendiendo a la transgresión como una figura posible de la filosofía de la diferencia.

"La transgresión es un gesto que concierne al límite; es ahí en esa finura de la línea que se manifiesta el destello de su paso pero quizás también de su trayectoria total, su origen mismo. El trecho que cruza podría ser todo su espacio. El juego de los límites y la transgresión parece estar regido por una obstinación simple: la transgresión franquea y no cesa de traspasar una línea que detrás de ella pronto se cierra en una ola de poca memoria retrocediendo así nuevamente hasta el horizonte de lo infranqueable. Pero este juego pone en juego mucho más que estos elementos, los sitúa en una incertidumbre, en certezas pronto invertidas en donde el pensamiento rápidamente se desconcierta al querer captarlos."



"La transgresión no opone nada con nada, no hace deslizar nada en el juego de la risa ni busca sacudir la solidez de los cimientos; tampoco hace resplandecer el otro lado del espejo más allá de la línea invisible e infranqueable. Justamente porque no es violencia en un mundo dividido (en un mundo ético) ni triunfo sobre límites que borra (en un mundo dialéctico o revolucionario), la transgresión toma, en el corazón del límite, la medida desmedida de la distancia que se abre a aquel y dibuja el rasgo fulgurante que lo hace ser. En la transgresión nada es negativo. Ella afirma el ser limitado, afirma ese ilimitado en el que rebota al abrirlo por primera vez a la existencia. Pero se puede decir que esa afirmación nada tiene de positivo pues ningún contenido puede ligarla ya que, por definición, ningún límite puede retenerla. Quizás no es otra cosa que la afirmación de la separación. Aun así habría que desembarazar a esta palabra de todo lo que puede recordar el gesto de la ruptura o el establecimiento de una separación o la medida de un distanciamiento y dejarle solamente lo que en sí puede designar el ser de la diferencia."

sábado, 25 de diciembre de 2010

PARA ESTAS FIESTAS

Seguramente haya que seguir pensando sobre la unión de la excepción y el deseo. Se "pide un deseo" cuando se avista una estrella fugaz, o se ataja una pestaña, o se tira una moneda en una fuente. También están los pedidos de deseos que aparecen en esas excepciones pautadas cíclicamente que son las fiestas. Se piden tres cuando se cumple años. Y sobre todo en estas fechas, en las que todos entregan unos a otros tarjetas -ya no tarjetas, más bien sms o posteos en facebook- deseando "los mejores deseos". Quizás este último caso sea el más interesante porque allí el deseo queda abierto, sin especificarse ante la emergencia del pedido. Es sintomático, de todas maneras, que en la mayor parte de los casos los deseos "no se cumplen" cuando salen del ámbito de lo secreto. El deseo es ocultamiento o no es propiamente deseo.

Quiero dejar aquí, a modo de presente (lo que en este caso está a la vista) de fin de año, dos textos para acercarnos a aquello que el deseo indica. Así sea.

Georges Bataille: el deseo como apertura interior.

"El erotismo es uno de los aspectos de la vida interior del hombre. En este punto solemos engañarnos, porque continuamente el hombre busca fuera un objeto del deseo. Ahora bien, ese objeto responde a la interioridad del deseo. La elección de un objeto depende siempre de los gustos personales del sujeto; incluso si se dirige a la mujer que casi todos elegirían, lo que suele entrar en juego es un aspecto intangible, no una cualidad objetiva de esa mujer. Esa mujer podría no tener, si no nos afectase en nuestro ser interior, nada que forzase la preferencia. En una palabra, hasta cuando se conforma con la mayoritaria, la elección humana difiere de la elección del animal: apela a esa movilidad interior, infinitamente compleja, que es propia del hombre. El animal tiene en sí mismo una vida subjetiva, pero, al parecer, esa vida le es dada tal como lo son los objetos inertes: de una vez por todas. El erotismo del hombre difiere de la sexualidad animal precisamente en que moviliza la vida interior. El erotismo es lo que en la conciencia del hombre pone en cuestión al ser. Por sí misma, la sexualidad animal introduce un desequilibrio, y ese desequilibrio amenaza la vida; pero eso el animal no lo sabe. En él no se abre nada parecido a un interrogante."


Gilles Deleuze & Félix Guattari: el deseo productor.



"Si el deseo produce, produce lo real. Si el deseo es productor, sólo puede serlo en realidad, y de realidad. El deseo es este conjunto de síntesis pasivas que maquinan los objetos parciales, los flujos y los cuerpos, y que funcionan como unidades de producción. De ahí se desprende lo real, es el resultado de las síntesis pasivas del deseo como autoproducción del inconsciente. El deseo no carece de nada, no carece de objeto. Es más bien el sujeto quien carece de deseo, o el deseo quien carece de sujeto fijo; no hay más sujeto fijo que por la represión, El deseo y su objeto forman una unidad: la máquina, en tanto que máquina de máquina. El deseo es máquina, el objeto del deseo es todavía máquina conectada, de tal modo qué el producto es tomado del producir, y que algo se desprende del producir hacia el producto, que va a dar un resto al sujeto nómada y vagabundo. El ser objetivo del deseo es lo Real en sí mismo. No existe una forma de existencia particular que podamos llamar realidad psíquica. Como dice Marx, no existe carencia, existe pasión como «ser objeto natural y sensible». No es el deseo el que se apoya sobre las necesidades, sino al contrario, son las necesidades las que se derivan del deseo: son contraproductos en lo real que el deseo produce. La carencia de un contra-efecto del deseo, está depositada, dispuesta, vacualizada en lo real natural y social. El deseo siempre se mantiene cerca de las condiciones de existencia objetiva, se las adhiere y las sigue, no sobrevive a ellas, se desplaza con ellas, por ello es tan fácilmente deseo de morir, mientras que la necesidad mide el alejamiento de un sujeto que perdió el deseo al perder la síntesis pasiva de estas condiciones. La necesidad como práctica del vado no tiene más sentido que ese: ir a buscar, capturar, ser parásito de las síntesis pasivas allí donde estén. Por más que digamos: no se es hierba, hace tiempo que se ha perdido la síntesis clorofílica, es preciso comer... El deseo se convierte entonces en este miedo abyecto a carecer. Pero justamente, esta frase no la pronuncian los pobres o los desposeídos. Ellos, por el contrario, saben que están cerca de la hierba, y que el deseo «necesita» pocas cosas, no estas cosas que se les deja, sino estas mismas cosas de las que no se cesa de desposeerles, y que no constituían una carencia en el corazón del sujeto, sino más bien la objetividad del hombre, el ser objetivo del hombre, para el cual desear es producir, producir en realidad. Lo real no es imposible; por el contrario, en lo real todo es posible, todo se vuelve posible. No es el deseo el que expresa una carencia molar en el sujeto, sino la organización molar la que destituye al deseo de su ser objetivo. Los revolucionarios, los artistas y los videntes se contentan con ser objetivos, nada más que objetivos: saben que el deseo abraza a la vida con una potencia productiva, y la reproduce de una forma tan intensa que tiene pocas necesidades."