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domingo, 4 de septiembre de 2011

BIOPOLÍTICA

En el marco del Tercer Coloquio Latinoamericano de Biopolítica que acaba de finalizar en Buenos Aires, tuve la oportunidad de asistir a un ateneo con Nikolas Rose y Pat O'Malley titulado "Entre la gubernamentalidad y la biopolítica. Nuevas miradas en torno de la subjetividad: 'corporeidad' y 'afecto' atención a la subjetividad corporeizada".

Para aquellos que no estén familiarizados con la biopolítica, es una de las tantas herramientas que nos ha legado Michel Foucault desde su inagotable obra. Filósofos contemporáneos como Giorgio Agamben y Roberto Esposito han trabajado y profundizado sobre este concepto.

En su curso del Collège de France de 1979, Nacimiento de la biopolítica, Foucault define así a la biopolítca:

"Yo entendía por ello la manera como se ha procurado, desde el siglo XVIII, racionalizar los problemas planteados a la práctica gubernamental por los fenómenos propios de un conjunto de seres vivos constituidos como población: salud, higiene, natalidad, longevidad, razas... Es sabido el lugar creciente que esos problemas ocupan desde el siglo XIX, y se conoce también cuáles fueron las apuestas políticas y económicas que han representado hasta nuestros días."


Particularmente interesante en la charla fue el modo en que Nikolas Rose describió de qué manera sus intereses teóricos fueron mutando desde el ambiente marxista estructuralista, con un primer gran interés en las teorías de Louis Althusser y los Aparatos Ideológicos del Estado, hacia las teorías de la gubernamentalidad foucaultianas.

Rose encontraba que algunas afirmaciones de Althusser como la relativa autonomía de los aparatos respecto al Estado y la idea de "reproducción social" asociada a la ideología, no eran suficientes para comprender los fenómenos sociales. Sobre todo la concepción de la ideología como un engaño, un discurso mentiroso que oculta una verdad le parecía poco satisfactoria. De ahí que la teoría de Foucault le haya permitido entender mejor la forma en que los sujetos se constituyen, ya no a través de la mentira, sino de la verdad, de regímenes de verdad. No se trata de dominar, sino de modular o conducir las subjetividades.


En la entrevista editada por Eñe que realizó Flavia Costa hace pocos días, podemos ver algunos de los modos en que Nikolas Rose analiza problemáticas sociales contemporáneas desde una perspectiva biopolítica

-¿Qué consecuencias tiene que las biopolíticas sean hoy “políticas moleculares”?
-La biopolítica de los siglos XIX y XX se ocupaba del cuerpo como un todo, diferenciando razas, clasificando a los individuos según sus capacidades intelectuales o físicas, enfocándolos como una totalidad. El individuo era visto como un ensamble de órganos, y los colectivos como ensambles de individuos. Y en cierto nivel, las personas siguen visualizando su cuerpo como constituido por partes: los miembros, los órganos, las hormonas. Muchas prácticas trabajan con el cuerpo como un todo, incluso desde la superficie, como las de belleza o el fitness. Pero algo diferente está ocurriendo. Las personas ya no son vistas como un agregado de piezas, sino como un ensamble de procesos moleculares, que pueden ser entendidos en términos de precisos mecanismos que ocurren dentro del cuerpo. Y una vez que los cuerpos empiezan a entenderse así –como empiezan a entenderlo las ciencias de la vida– es posible pensar en que es posible intervenir, transformar, modelar los cuerpos. En términos generales, esto implica una transformación en las técnicas del poder. El poder ahora se focaliza en optimizar los cuerpos, antes que en vigilarlos o modelarlos ortopédicamente. Desde luego, hay muchas ocasiones en las que los cuerpos siguen todavía siendo disciplinados, excluidos, incluso eliminados. Pero sin minimizar la gravedad de estas acciones negativas, entiendo que ellas suelen estar hoy en parte justificadas por el intento de optimizar y maximizar la vida y las capacidades corporales.

-¿Implica esto que la biología ya no es un destino?
-En la época de la biopolítica molecular ya no tiene sentido considerar que la biología es un destino, que nuestra naturaleza es una fatalidad: podemos intervenir sobre ella y manipularla. Eso nos convierte en personas responsables, atentas a lo que nos puede ocurrir. Ya no se trata de “cuerpos dóciles”. Estas tecnologías interpelan a cuerpos muy activos: los individuos deben actuar sobre sí mismos, deben entenderse, tomar decisiones y transformarse.