Esto afirma un Gilles Deleuze ya avejentado, que conoce en carne propia las aventuras y desventuras del alcoholismo y que creyó alguna vez, que el alcohol lo ayudaba con su actividad creativa, lo acercaba al lugar en el que podía crear conceptos filosóficos.
"Era la primera vez que intentaba cierta forma expresiva diferente de la de la filosofía tradicional y, además, fue en muchos sentidos un libro alegre; por otra parte, lo escribí durante un período de enfermedad.”
La Vigesimosegunda serie del libro tiene como título "Porcelana y volcán". Está escrita utilizando El Crack-Up (1936) de Francis Scott Fitzgerald (1896-1940) y Bajo el volcán (escrito entre 1935 y 1944) de Malcolm Lowry (1909-1957). En los dos casos, se trata de escritores anglosajones (los favoritos de Deleuze), que murieron antes de los 50 años, hundidos por el alcohol.
“Uno puede venirse abajo de muchas maneras; el derrumbe puede tener lugar en la cabeza, ¡en cuyo caso a uno le arrebatan el poder de decisión!, en el cuerpo, y no queda sino someterse al mundo blanco del hospital, o en los nervios.” escribe Fitzgerald en El Crack-Up.
Veamos los que dice Malcolm Lowry en el prólogo de su novela.
“Yo
quise hacer música hot, un poema, una canción, una tragedia, una comedia, una
farsa, y así sucesivamente. Es superficial, profunda, distraída, pesada, según
los gustos. Es una profecía, una advertencia política, un criptograma, una
película cómica, un absurdo, una frase sobre el muro. Puede ser considerada
como una especie de máquina: funciona, puede creerlo, lo he descubierto a costa
mía.”
Y más adelante: “Esta
novela, para emplear la frase de Edmund Wilson, tiene como tema las fuerzas que
moran en el interior del hombre, y que le llevan a asustarse de sí mismo.”
En torno a la afirmación de Fitzgerald “Evidentemente,
toda vida es un proceso de demolición”, no cesa de aparecer la pregunta “¿qué
ha pasado?” Y a pesar de que sucedieron muchas cosas, muchas
crisis, hay que distinguir entre estos sucesos exteriores (crisis financiera,
guerras) e interiores (enfermedad, pérdida de talento) y la grieta como Acontecimiento de superficie.
Deleuze: “Había una grieta silenciosa, imperceptible, en la superficie, único Acontecimiento de superficie como suspendido sobre sí mismo, planeando sobre sí, sobrevolando su propio campo. La verdadera diferencia no está entre lo interior y lo exterior. La grieta no es ni interior ni exterior, está en la frontera, insensible, incorporal, ideal.”
Las conexiones y relaciones que se establecen entre el
Acontecimiento y el cuerpo, entre la grieta incorporal y la vida de tal o cual
persona ¿de qué tipo son? “Con lo que sucede en el exterior y en el interior,
tiene relaciones complejas de interferencia y cruce, de conjunción saltarina.”
La herida se puede encarnar o no. El Acontecimiento se
puede aceptar o no. Hay “dos
procesos que difieren por naturaleza: la grieta que alarga su línea recta
incorporal y silenciosa en la superficie, y los cuerpos exteriores o los
ruidosos empujes internos que la hacen desviarse, profundizarse, y la inscriben
o la efectúan en el espesor del cuerpo.”
El suicido, la locura y las drogas o el alcohol, son los
tres modos de intentar unir estas líneas, aunque el último caso es el mejor por
su duración. ¿Qué quiere decir querer el acontecimiento, querer la conjunción de las líneas, sino
afirmar el mayor grado de intensidad de la vida que a la vez la pone en riesgo
tal como la conocemos? Experimentación y autodestrucción juegan una terrible
partida. Por eso para Fitzgerald y Lowry, la grieta es a la vez “el lugar y el
obstáculo, la fuente y la desecación de su pensamiento, el sentido y el
sinsentido”.
El
pensador abstracto es aquel que (a diferencia de Fitzgerald, Artaud, Lowry,
Bousquet, Nietzsche) no puede más que “hablar de” como otros traspasaron el
límite, pero no puede pensar fuera de los límites, no puede asomarse fuera de
ellos.
Deleuze
afirma que todo lo bueno y grande de la humanidad se piensa desde la grieta y
sus bordes.
“Si se pregunta por qué la salud no basta, por qué la
grieta es deseable, quizá sea porque nunca se ha pensado sino por ella y sobre
sus bordes, y que todo lo que fue bueno y grande en la humanidad entra y sale
por ella, entre gentes prontas a destruirse a sí mismas, y que antes la muerte
que la salud que se nos propone.”
La gran salud para Nietzsche es (Humano, demasiado humano) la
sobreabundancia de fuerzas plásticas que posibilita al hombre vivir poniéndose
a prueba. Esa es la regla que pone Deleuze cuando afirma que no hay reglas para
saber hasta dónde arriesgarse, no hay que poner en riesgo la “gran salud”.
La
inscripción de la grieta en el cuerpo (la efectuación) tiene que ser
contrarrestada por una contra-efectuación “que la limite, la interprete, la
transfigure”.
Alcanzar
por otros caminos los efectos del alcohol o las drogas.
“¿A cuento de qué traer a colación mis relaciones con
los homosexuales, los alcohólicos o los drogadictos, si puedo experimentar en
mí efectos análogos a los que ellos obtienen por otros medios?”








