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miércoles, 21 de agosto de 2013

DEL ABSURDO A LA REBELIÓN

Sin dudas, el libro más polémico de Camus, este segundo gran ensayo dedicado a su maestro de filosofía Jean Grenier y editado en 1951 desencadenará una famosa polémica con Jean-Paul Sartre y la reacción de buena parte de la intelectualidad francesa. 

El ataque de El hombre rebelde está dirigido directamente al corazón del stalinismo en el momento en que el régimen soviético representaba para los movimientos obreros europeos (y para la intelectualidad comunista) un faro al que apuntar. 

“Rusia es hoy una tierra de esclavos rodeada de torres de observación. Que ese régimen concentracionario sea adorado como el instrumento de la liberación y como una escuela de felicidad futura…, eso es lo que combatiré hasta el fin… Sólo hay una cosa en el mundo que me parezca más importante que la justicia: si no la verdad en sí misma, al menos el esfuerzo hacia la verdad. No tenemos necesidad de esperanza, sólo tenemos necesidad de verdad.”


Camus afirma que el ensayo quiere comprender una realidad de la época: el asesinato legitimado lógicamente, filosóficamente, científicamente y justificado en nombre de la humanidad.

“No sabremos nada mientras no sepamos si tenemos derecho a matar a ese otro que está ante nosotros o a consentir que lo maten. Puesto que toda acción desemboca hoy en el asesinato, directo o indirecto, no podemos obrar antes de saber si, y por qué, debemos dar muerte.”

“En la época de la negación podía ser útil interrogarse sobre el problema del suicidio. En la época de las ideologías, tenemos que habérnoslas con el asesinato.”

El comienzo de este ensayo utiliza las conclusiones de El mito de Sísifo. El sentimiento de lo absurdo ni autorizaba ni condenaba los asesinatos, estos eran moralmente indiferentes. Tanto si uno elige ser indiferente ante el asesinato de los demás, como si uno elige jugar a la ley del más fuerte (y ya no la del más justo), no se puede evitar la cuestión del asesinato.

Si se acepta el rechazo del suicidio que conlleva la condición absurda, se afirma la vida y no sólo para uno, sino también para todos los demás. Es el valor de la vida humana lo que se afirma.

Quien acepta el suicidio (el nihilista extremo, no absurdo) también aceptará el asesinato lógico. Se trata de aquel que quiere tan fuertemente negar la tensión irresoluble de la condición humana, que no tiene respeto por ella. Camus pone como ejemplo a Hitler, sus asesinatos y su suicidio.

Pero la posición absurda guarda una contraposición en sí misma, no puede ser un lugar de permanencia, no se puede estar en la vida sin juzgar. “Respirar es juzgar.”

El absurdo no debe transformarse en autocomplacencia,  sino en exigencia de creación, como en el caso de Nietzsche. Camus dice que hay que superar ese primer momento, como Descartes supera la duda metódica “y entrar en el movimiento irresistible por el cual lo absurdo se supera a sí mismo.”
Continuando con su paralelismo respecto al método cartesiano. “Yo grito que no creo en nada y que todo es absurdo, pero no puedo dudar de mi grito y tengo que creer al menos en mi protesta. La primera y la única evidencia que así me es dada, dentro de la experiencia absurda, es la rebelión.”  

“La rebelión nace del espectáculo de la sinrazón ante una condición injusta e incomprensible. Pero su impulso ciego reivindica el orden en medio del caos y la unidad en el corazón mismo de lo que huye y desaparece. Ella grita, exige, quiere que el escándalo cese y que se fije por fin lo que hasta ahora se escribía sin tregua sobre el mar. Su preocupación consiste en transformar. Pero transformar es obrar, y obrar será mañana matar, cuando no sabe si el asesinato es legítimo. Engendra justamente las acciones cuya legitimación se le pide. Es necesario, pues, que la rebelión extraiga sus razones de sí misma, pues no puede extraerlas de ninguna otra parte. Es necesario que consienta en examinarse para aprender a conducirse.” 

La rebelión es legítima, pero una de sus consecuencias casi inevitables cuando actúe será el asesinato, si este es legítimo lo tiene que decidir la rebelión examinándose a sí misma. Albert Camus va a analizar este problema tomando los últimos 200 años de “la historia del orgullo europeo”.

“La cuestión está en saber si esa negativa sólo puede llevarle a la destrucción de los otros y de sí mismo, si toda rebelión debe terminar en justificación del asesinato universal, o si, por el contrario, sin pretender una inocencia imposible, puede descubrir el principio de una culpabilidad razonable.”


“¿Qué es un hombre rebelde? Un hombre que dice no. Pero negar no es renunciar: es también un hombre que dice sí desde su primer movimiento. Un esclavo, que ha recibido órdenes durante toda su vida, juzga de pronto inaceptable una nueva orden. ¿Cuál es el contenido de ese «no»?” 

Implica que hay un límite que no se debe pasar y un valor que lo sostiene, no hay rebelión sin valor detrás. Hacer respetar ese valor, aún contra la propia vida, es lo que hará el hombre rebelde. “La conciencia  nace con la rebelión.”

Identificado con ese valor (por ej. la libertad) el hombre rebelde se arroja a un todo o nada. “Antes morir de pie que vivir de rodillas.”  Pero ese valor no puede ser individual, porque se está dispuesto a dar la vida por él, es por lo tanto de toda la humanidad, de su naturaleza. “¿Por qué rebelarse si no hay en uno nada permanente que conservar?” 

Esta naturaleza humana, afirma Camus, se contrapone “a los postulados del pensamiento contemporáneo” y a “las filosofías puramente históricas”. El hombre rebelde “se identifica con una comunidad natural”. 

“En la rebelión el hombre se supera en sus semejantes y, desde este punto de vista, la solidaridad humana es metafísica.”

Albert Camus intenta despegar a la rebelión del resentimiento, identificación que había afirmado Max Scheler. Para Camus el resentimiento es contra uno mismo y hace que uno se cierre, mientras que la rebelión hace que uno se abra hacia los otros y hacia un valor que lo trasciende. El resentimiento pide la humillación para los demás, en cambio, la rebelión nunca podría hacerlo. Aunque pueda haber rebelión con resentimiento, ella lo rebasa.

“Aparentemente negativa, puesto que nada crea, la rebelión es profundamente positiva, pues revela lo que hay que defender siempre en el hombre.” 

¿En qué tipo de sociedades aflora la rebelión? “En sociedad, el espíritu de rebelión no es posible sino en los grupos en que una igualdad teórica encubre grandes desigualdades de hecho. El problema de la rebelión no tiene, pues, sentido sino dentro de nuestra sociedad occidental. Por lo tanto, se podría sentir la tentación de afirmar que es relativo al desarrollo del individualismo si las observaciones precedentes no nos hubiesen puesto en guardia contra esta conclusión.” 

“La libertad de hecho no ha aumentado proporcionalmente a la conciencia que el hombre ha adquirido de ella. De esta observación no se puede deducir sino esto: la rebelión es el acto del hombre informado que posee la conciencia de sus derechos.” 

“El hombre rebelde es el hombre situado antes o después de lo sagrado, y dedicado a reivindicar un orden humano en el que todas las respuestas sean humanas, es decir, razonablemente formuladas. Desde ese momento toda interrogación, toda palabra, es rebelión, mientras que en el mundo de lo sagrado toda palabra es acción de gracias. Sería posible mostrar así que no puede haber para un espíritu humano sino dos universos posibles, el de lo sagrado (o de la gracia en lenguaje cristiano) y el de la rebelión.” 

“¿Puede hallarse la regla de una conducta lejos de lo sagrado y de sus valores absolutos? Tal es la pregunta que plantea la rebelión."

Sea cual sea el valor que la rebelión defienda, ella sólo es legítima en tanto rebelión solidaria con el resto de la humanidad, si abandona este camino, no lo será. Como en El mito de Sísifo, hay que mantenerse fiel al lugar en el que nace el cuestionamiento.

“La solidaridad de los hombres se funda en el movimiento de rebelión, y éste, a su vez, no encuentra justificación más que en esa complicidad. Tendremos, por lo tanto, derecho a decir que toda rebelión que se autoriza a negar o a destruir esta solidaridad pierde por ello el nombre de rebelión y coincide en realidad con un consentimiento homicida.” 

“En la experiencia absurda el sufrimiento es individual. A partir del movimiento de rebelión, tiene conciencia de ser colectivo, es la aventura de todos.”

viernes, 30 de julio de 2010

SILENCIO, CUBA

Gracias Claudia. Como verás leí tu libro. Mi crítica se mantiene, pero ligeramente distinta. Ya no me parece "muy finito" para poder contener todas las referencias documentales que sostengan este balance negativo sobre la Cuba de los últimos 50 años. Además me gustó que afirmes que te sentís más en casa con la teoría política que con la historia. De hecho, como vos misma dijiste, lo hiciste cortito para que yo pueda leerlo. Pero me hubiera gustado que te extendieras un poco más para ayudarnos a pensar si la causa del silencio que denunciás, no tiene que ver con ese sentimiento de zozobra que aparece cada vez con más fuerza a medida que uno avanza en la lectura. Para saber si esa cachetada al voluntarismo puede reconducirse -adivino que sí- de muy otra forma, hacia nuevos proyectos de equidad. Pero bueno, dirás que eso excede el objeto del libro y yo estaré de acuerdo. Y aún así.

No sigue a esto un resumen del libro, porque me parece mejor que cada uno haga directamente su propia lectura. Solamente quiero llamar la atención sobre algunas notas a pie de página que me parecieron más que interesantes para seguir pensando. Y seguramente anotar algunas preguntas que surgieron.


En la nota 2 del Capítulo 2 me gustó la distinción entre los "verdaderos creyentes" en la Revolución y "grupos para los cuales la movilización bajo un liderazgo fuerte, sea cual fuere la orientación del mismo, proporciona un sentido suficiente a su existencia." La línea divisoria como siempre es muy difícil. Conozco a varias personas que se afanan en buscar razones de por qué son fanáticos de tal equipo de fútbol en lugar de tal otro. ¿Ese no es acaso un tipo de "creencia verdadera", la que primero adhiere ciegamente y luego busca sus razones?

La nota 28 del Capítulo 2 dice así: "Es posible pensar que el relajamiento de la prohibición de profesar una religión haya sido una manifestación más de la capacidad del régimen a hacer frente a sus falencias. En efecto, a través de la religión se ha canalizado, a partir de la década del noventa, buena parte del descontento y la desazón de los cubanos frente a las durísimas condiciones de vida y la falta de perspectiva de futuro, de un modo probablemente menos peligroso para el régimen que lo que podrían haber sido otros canales eventuales para encauzar la frustración. La religión, parece haber recordado el régimen en su provecho, es el opio de los pueblos." Brillante.

En la nota 33 del mismo Capítulo afirmás "Uno de mis interlocutores, antiguo miembro del Comité Central del PCC, me explicaba a su vez que para cualquier ciudadano común enfrentado a la necesidad prácticamente ineludible de operar al margen de las leyes para poder sobrevivir en condiciones de relativa dignidad, el mayor peligro en la vida cotidiana en Cuba es encontrarse con un 'verdadero creyente' en la Revolución, siempre dispuesto a denunciar las conductas ilegales de sus conciudadanos. Que hay pocos, me decía, pero siempre puede quedar alguno." Extremando alguna de tus hipótesis podríamos afirmar que este 'verdadero creyente' es sólo Fidel Castro. Los otros ejemplos que se me ocurren son siempre niños, de una u otra forma. Me viene a la memoria una situación de 1984 en la que uno de los personajes es delatado por sus hijos pequeños.


La nota 35 trata sobre el concepto de "balsero" extendido a todo el abanico de personas que, con diferentes estrategias pudieron -o intentaron- emigrar ilegalmente. La imagen de la balsa en medio del mar es de una fragilidad tremenda. Pero también remite a Robinson y lo que sabemos que él encarna. O quizás tengamos que releer a Tournier.

También me gustaría comentar la nota 6 del Capítulo 3 que comienza de esta forma: "Artículo 72: Se considera peligroso la especial proclividad en que se halla una persona para cometer delitos, demostrada por la conducta que observa en contradicción manifiesta con las normas de la moral socialista" y termina de la siguiente manera: "Artículo 75.1: El que, sin estar comprendido en alguno de los estados peligrosos a que se refiere el artículo 73, por sus vínculos o relaciones con personas potencialmente peligrosas para la sociedad, las demás personas y el orden social, económico y político del Estado socialista, pueda resultar proclive al delito, será objeto de advertencia por la autoridad policíaca competente, en prevención de que incurra en actividades socialmente peligrosas o delictivas." La inversión exacta del principio de inocencia hasta que se demuestre lo contrario. En este caso la noción de ser proclive a ir en contra de la moral socialista, suena otra vez tan cercana a ciertas posturas religiosas. La lectura es muy simplista, lo sé, pero todos parecen seres caídos que en algún punto no pueden más que cometer algún delito. Como afirmás en algún lado, disentir con el poder es quedar fuera de la ley. ¿Y quién puede quedar completamente fuera de la posibilidad del disenso?

No quiero olvidarme sin embargo de agregar dos impresiones que tuve mientras leía el libro.

La primera es que muchos de estos inconvenientes (desde una presunción de culpabilidad de todos los ciudadanos, hasta la falta de cumplimiento de las expectativas socio-económicas, pasando por la utilización de burdas herramientas ideológicas y hábiles maniobras represivas para mantener el poder) se dan también en otro tipo de regímenes, por supuesto también en las democracias liberales. En algunos casos más subterránea y capilarmente, en otros casos de forma menos velada.

La segunda tiene que ver con este par indisoluble "igualación-opresión". Sabemos ya hace tiempo que a pesar de que "liberté, egalité, fraternité" suena muy bien sobre todo en francés, sufre de varias contradicciones. Pero a veces me gusta pensar que el concepto de libertad no es el opuesto del concepto de opresión. Sino más bien que son en cierto punto intercambiables. Pero claro, todo esto ya lo dijo Hobbes.

En todo caso ¿Quién fue el ingenuo que pensó seriamente en una sociedad libre de opresiones?