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sábado, 8 de mayo de 2010

RICARDO FORT

En diciembre del año pasado la Revista Noticias me invitó a realizar una reflexión desde la filosofía sobre la figura emergente de ese momento: Ricardo Fort. El desafío me pareció interesante porque la filosofía tiene que poder pensar lo contemporáneo y no despreciar lo que aparenta ser pura banalidad, pero lamentablemente en el interior de la nota solamente reprodujeron una frase fuera de contexto de lo que yo envié a la revista, así que a continuación copio el texto original, para quien le interese.





Lo que hace que Ricardo Fort sea tan funcional a los medios de entretenimiento masivos es que ambos son bajo el modo de la repetición. Fort es millonario y excéntrico, su dinero tiene valor en tanto pura mostración, por eso todo en él es brillante y aceitoso. Él encarna un mensaje claro y transparente: la riqueza es derroche y despilfarro. A nadie convencen ya los millonarios que, al estilo de Bruno Diaz, invierten sus fortunas en sostener proyectos ético-políticos y con esos fines presentan una fachada de mesura y recato. El modo de entretenimiento televisivo tampoco soporta los dobles discursos, sólo repite lo evidente. Es un ir de una imagen a otra sin promesa de novedad o cambio, con la misma autorreferencialidad con la que el dinero se muestra a sí mismo. El entretenimiento tiene la lógica de la distracción en la multiplicación de la superficie, pretende que no pase nada. La repetición dice "yo soy todo lo que hay". Y vuelve a empezar.

lunes, 29 de diciembre de 2008

LA SOCIEDAD DEL ESPECTÁCULO


1. Toda la vida de las sociedades donde rigen las condiciones modernas de producción se manifiesta como una inmensa acumulación de espectáculos. Todo lo que antes se vivía directamente, se aleja ahora en una representación.

2. Las imágenes desprendidas de cada aspecto de la vida se fusionan en un cauce común, donde la unidad de esta vida es ya irrecuperable. La realidad vista parcialmente se despliega dentro de su propia unidad general como pseudomundo aparte, objeto de mera contemplación. La especialización de las imágenes del mundo halla su culminación en el mundo de la imagen autónoma, donde el mentiroso se miente a sí mismo. El espectáculo es, en general, como inversión concreta de la vida, el movimiento autónomo de lo no viviente.

3. El espectáculo se presenta a sí mismo como la sociedad misma, como una parte de ésta y como instrumento de unificación. En tanto parte de la sociedad, es expresamente el sector que concentra todas las miradas y todas las conciencias. Precisamente por estar separado este sector, atrae la mirada engañada y la falsa conciencia; y la unificación que lleva a cabo no es otra cosa que el lenguaje oficial de la separación generalizada.

4. El espectáculo no es un conjunto de imágenes, sino una relación social entre personas, mediatizada a través de las imágenes.

5. No se puede entender el espectáculo como el exceso del mundo visual, producto de las técnicas de difusión masiva de imágenes. Es, en cambio, una Weltanschauung (mirada, concepción, representación del mundo) efectivizada, expresada en el plano material. Es una visión del mundo que se ha objetivado. El espectáculo, entendido en su totalidad, es a la vez resultado y proyecto del modo de producción existente. No es un complemento del mundo real, una decoración superpuesta a éste. Es la médula del irrealismo de la sociedad real. Bajo todas sus formas particulares, información o propaganda, publicidad o consumo directo de entretenimientos, el espectáculo constituye el modelo actual de la vida socialmente dominante. Es la afirmación omnipresente de una elección ya hecha en la producción, y de su consumo que es su corolario. Forma y contenido del espectáculo son, idénticamente, la justificación total de las condiciones y fines del sistema vigente. El espectáculo es también la presencia permanente de la justificación, en tanto colonización de la parte principal del tiempo vivido fuera de la producción moderna.

Guy Debord, 1967