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lunes, 17 de diciembre de 2012

GIACOMETTI

"Desde hace años, he realizado las esculturas que se han ofrecido, ya concluidas, a mi espíritu; me he limitado a reproducirlas en el espacio, sin cambiar nada de ellas, sin preguntarme lo que podían significar (basta con que comience a modificar una parte o que me ponga a buscar una dimensión para que me vea por completo perdido para que todo el objeto se destruya)."

Alberto Giacometti

                                                       
1. Del espesor de los cuerpos.

Lo que se instala alrededor de las esculturas de Giacometti es una querella entre el espesor y la profundidad. Mientras la profundidad sería una dimensión espacial en la que un cuerpo puede situarse o incluso expandirse, el espesor pertenece al cuerpo mismo, no al espacio que él habita. Más aún, el espesor es la carne del propio cuerpo, aquella que le permite abstraerse de todo espacio posible. Porque el espesor, aunque parece remitir a una dimensión espacial, refiere antes que nada una densidad del sólido que crece desde el propio material: bronce, madera o yeso. Deberíamos hablar directamente de hueso, esa carne primera, la que da forma y porte al cuerpo, la que más se asemeja a la piedra. Es esa persistencia ósea la que da a las esculturas de Giacometti toda su gravedad y su independencia respecto del espacio. Tanto falta el espacio que fue menester construir jaulas para convocarlo y comenzar a experimentar con él. El cuerpo por sí mismo rehuía toda geometría.










2. Sartre y el vacío.

“Una exposición de Giacometti es un pueblo. Esculpe unos hombres que se cruzan por una plaza sin verse; están solos sin remedio y, no obstante, están juntos; van a perderse para siempre, pero no podrían hacerlo si no se hubiesen buscado. Giacometti, cuando ha escrito sobre uno de sus grupos, ha definido su universo mejor de lo que yo podría hacerlo. Ha dicho que este universo le recordaba “una parte del bosque vista durante muchos años y cuyos árboles de troncos desnudos y esbeltos…siempre se me asemejaban a unos personajes inmovilizados en su andar y que se hablaban”. ¿Y qué puede ser, en consecuencia, esta distancia circular ---que únicamente la palabra puede atravesar--- sino la noción negativa, el vacío. Giacometti, irónico, desafiante, ceremonioso y tierno, ve en todas partes el vacío. No en todas partes, se podrá decir: hay objetos que se tocan. Pues precisamente Giacometti no está seguro de nada, ni de eso siquiera, pues semana tras semana, totalmente fascinado, ha visto cómo las patas de una silla no tocaban el suelo. Los puentes están rotos entre los hombres, entre las cosas; el vacío se hace presente aquí y allí: cada criatura oculta su propio vacío. Giacometti  ha llegado a ser escultor, porque tiene la obsesión del vacío."

Jean-Paul Sartre


Cabeza de Simone de Beauvoir