miércoles, 14 de julio de 2010

TRISTITIA IN ALIENIS BONIS

Todo empieza a cambiar de aspecto. Errantes hasta aquí en los bosques, los hombres, habiendo adquirido una situación más estable, van relacionándose lentamente, se reúnen en diversos agrupamientos y forman en fin en cada región una nación particular, unida en sus costumbres y caracteres, no por reglamentos y leyes, sino por el mismo género de vida y de alimentación y por la influencia del clima. Una permanente vecindad no puede dejar de engendrar en fin alguna relación entre diferentes familias. Jóvenes de distinto sexo habitan en cabañas vecinas; el pasajero comercio que exige la naturaleza bien pronto origina otro no menos dulce y más permanente por la mutua frecuentación. Habitúanse a considerar diversos objetos y a hacer comparaciones; insensiblemente adquieren ideas de mérito y de belleza que producen sentimientos de preferencia. A fuerza de verse, no pueden pasar sin verse todavía. Un sentimiento tierno y dulce se insinúa en el alma, que a la menor oposición se cambia en furor impetuoso; los celos se despiertan con el amor, triunfa la discordia, y la más dulce de las pasiones recibe sacrificios de sangre humana.

A medida que se suceden las ideas y los sentimientos y el espíritu y el corazón se ejercitan, la especie humana sigue domesticándose, las relaciones se extienden y se estrechan los vínculos. Los hombres se acostumbran a reunirse delante de las cabañas o, al pie de un gran árbol; el canto y la danza, verdaderos hijos del amor y del ocio, constituyen la diversión o, mejor, la ocupación de los hombres y de las mujeres agrupados y ociosos. Cada cual empezó a mirar a los demás y a querer ser mirado él mismo, y la estimación pública tuvo un precio. Aquel que mejor cantaba o bailaba, o el más hermoso, el más fuerte, el más diestro o el más elocuente, fue el más considerado; y éste fue el primer paso hacia la desigualdad y hacia el vicio al mismo tiempo. De estas primeras preferencias nacieron, por una parte, la vanidad y el desprecio; por otro, la vergüenza y la envidia, y la fermentación causada por esta nueva levadura produjo al fin compuestos fatales para la felicidad y la inocencia.

Tan pronto como los hombres empezaron a apreciarse mutuamente y se formó en su espíritu la idea de la consideración, todos pretendieron tener el mismo derecho, y no fue posible que faltase para nadie. De aquí nacieron los primeros deberes de la cortesía, aun entre los salvajes; y de aquí que toda injusticia voluntaria fuera considerada como un ultraje, porque con el daño que ocasionaba la injuria, el ofendido veía el desprecio de su persona, con frecuencia más insoportable que el daño mismo. De este modo, como cada cual castigaba el desprecio que se lo había inferido de modo proporcionado a la estima que tenía de sí mismo, las venganzas fueron terribles, y los hombres, sanguinarios y crueles. He ahí precisamente el grado a que había llegado la mayoría de los pueblos salvajes que nos son conocidos. Mas, por no haber distinguido suficientemente las ideas y observado cuán lejos se hallaban ya esos pueblos del estado natural, algunos se han precipitado a sacar la conclusión de que el hombre es naturalmente cruel y que es necesaria la autoridad para dulcificarlo, siendo así que nada hay tan dulce como él en su estado primitivo, cuando, colocado por la naturaleza a igual distancia de la estupidez de las bestias que de las nefastas luces del hombre civil, y limitado igualmente por el instinto y por la razón a defenderse del mal que le amenaza, la piedad natural le impide, sin ser impelido a ello por nada, hacer daño a nadie, ni aun después de haberlo él recibido. Porque, según el axioma del sabio Locke, 'no puede existir agravio donde no hay propiedad'.

Rousseau, Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres

viernes, 9 de julio de 2010

ASESINATO LEGÍTIMO

"Hay crímenes de pasión y crímenes de lógica. La frontera que los separa es incierta. Pero el Código Penal los distingue, bastante cómodamente, por la premeditación. Estamos en la época de la premeditación y del crimen perfecto. Nuestros criminales no son ya esos muchachos desarmados que invocaban la excusa del amor. Por el contrario, son adultos, y su coartada es irrefutable: es la filosofía, que puede servir para todo, hasta para convertir a los asesinos en jueces."


"Roto el espejo, nada queda que pueda servirnos para responder a las preguntas del siglo. Lo absurdo, como la duda metódica, ha hecho tabla rasa. Nos deja en el atolladero. Pero, como la duda, puede al volver a sí mismo, orientar una nueva investigación. El razonamiento prosigue entonces de la misma manera. Yo grito que no creo en nada y que todo es absurdo, pero no puedo dudar de mi grito y tengo que creer por lo menos en mi protesta. La primera y la única evidencia que me es dada así, dentro de la experiencia absurda, es la rebelión. Privado de toda ciencia, obligado a matar o a consentir que se mate, no dispongo sino de esta evidencia, que se refuerza además con el desgarramiento en que se halla. La rebelión nace del espectáculo de la sinrazón, ante una condición injusta e incomprensible. Pero su impulso ciego reivindica el orden en medio del caos y la unidad en el corazón mismo de aquello que huye y desaparece. Grita, exige, quiere que el escándalo cese y que se fije por fin lo que hasta ahora se escribía sin tregua sobre el mar. Su preocupación consiste en transformar. Pero transformar es obrar, y obrar será mañana matar, cuando no sabe si el asesinato es legítimo. Engendra justamente las acciones cuya legitimación se le pide. Es necesario, pues, que la rebelión extraiga sus razones de sí misma, pues no puede extraerlas de ninguna otra parte. Es necesario que consientan en examinarse para aprender a conducirse."

Albert Camus, El hombre rebelde, 1951

miércoles, 30 de junio de 2010

evagatio circa illicita

Este fantástico video del grupo de humoristas ingleses Monty Python, además de estar a tono con la época mundialista, creo que permite pensar algunos aspectos de la actividad filosófica que son en parte puestas en evidencia por el humor.

En este sentido podemos adelantar que el humor y la filosofía tienen un punto de contacto como desafío a la ley. Dirá Deleuze en Diferencia y Repetición que una de las maneras de invertir la ley es el humor "arte de las consecuencias y de los descensos, de los suspensos y de las caídas."



Las primeras veces que vi este video, mi lectura estaba basada en la contraposición de la filosofía como búho de Minerva que levanta su vuelo al atardecer, siguiendo el famoso dictum hegeliano y la filosofía como gallo que canta al alba, como Karl Marx proponía (quien estaba como vimos en el banco de suplentes y reemplaza a Wittgenstein para darle al equipo más movilidad, aunque esa promesa sea fallida).

En esta contraposición zoológica la filosofía puede tomar la forma del búho, que relata el partido cuando éste ya ha sido jugado -en ese sentido está claro que los jugadores no son tales, sino relatores de un partido que otros ya jugaron-. Dice Hegel "la filosofía llega siempre tarde. En cuanto pensamiento del mundo, aparece enel tiempo sólo después que la realidad ha consumado su proceso de formación y se halla ya lista y terminada". O puede tomar la forma de otra ave (que no remonta más que un torpe vuelo, que no se aleja de lo real, que mantiene sus pies en el suelo), el gallo que canta al alba, que propone dejar de interpretar y comenzar a transformar la realidad (la famosa Tesis XI de Marx sobre Feuerbach).

Pero volvamos a las leyes, después de todo esto es un juego y como tal, está reglado. La filosofía podría entonces ser búho y explicitar las reglas o ser gallo y proponer unas nuevas, cambiar las reglas del juego. Está claro de todas formas que lo que no hace es jugar. No sería un partido de filósofos aquel en que se disputaran la pelota para meter goles en el arco contrario. Sería un partido de fútbol normal.

Lo que caracteriza entonces a la filosofía ante todo es la suspensión de la acción, en tanto puesta en crisis de la reglamentación. El filósofo no juega el partido que se espera, ni siquiera toca la pelota, trastoca el ordenamiento pensado desde un lugar radical. Suspende la ejecución. Como el Bartleby de Herman Melville, ante lo que todos esperamos ver en un partido de fútbol, disputar la pelota, el filósofo "preferiría no hacerlo".

En la Edad Media, el pecado de acidia se caracteriza por hacer presa de los monjes, sobre todo cuando se encuentran en soledad a determinada hora del día. Dice Tomás de Aquino que "la acidia lleva cierto tedio en el obrar", por eso en la tradición moderna muchas veces se la confunde con la pereza, una hija poco importante. Lo que realmente es grave de la acidia, lo que la transforma en Pecado Mortal, es uno de los efectos que produce: la "vagatio mentis circa illicita" (divagación de la mente por lo ilícito o lo vedado). Es decir, por lo que se encuentra más allá de la regla o de la ley.

Es Arquímedes y no un filósofo quien tiene la ocurrencia que pierde el partido para los griegos. Lo pierde en tanto los griegos quedan atrapados en la lógica del fútbol. La filosofía es lo disruptivo en la lógica de la repetición continua sin diferencia. Y por eso sólo se juega allí, en el límite mismo (circa) de lo ilícito.

viernes, 25 de junio de 2010

Radix Omnium Malorum Avaritia




“Esta relación constituye, además, un lado del fenómeno muy complejo e importante de la avaricia. Al encontrar la paz de espíritu en la posesión del dinero, sin avanzar hacia la consecución y el disfrute de los objetos aislados, el avaro ha de tener un sentimiento de poder más profundo y valioso del que pueda proporcionarle el dominio sobre cosas determinadas y cualificadas; puesto que, como hemos visto, la propiedad de éstas tiene sus limitaciones. El alma inquieta, que busca una satisfacción ilimitada y una identificación con lo último, lo más íntimo y absoluto de las cosas, experimenta un rechazo doloroso de parte de éstas, que son y continúan siendo algo para sí, que oponen resistencia a su integración completa en la esfera del Yo y, de este modo, hacen desembocar la posesión más apasionada en insatisfacción. La posesión del dinero está libre de esta contradicción secreta de las demás propiedades. A costa de no acercarse a las cosas y de renunciar a todas las alegrías específicas, relacionadas con lo individual, el dinero puede garantizar un sentimiento de dominio que, sin embargo, se encuentra suficientemente alejado de los objetos sensibles para no tropezar con las limitaciones que ocasiona su posesión. Únicamente el dinero se puede poseer de modo completo y sin reservas, únicamente el dinero se agota en la función que con él se pretende. Así, los placeres del avaro han de ser parecidos a los estéticos, puesto que también éstos se sitúan más allá de la realidad impenetrable del mundo y se aferran a la apariencia y reflejo de éste, que son completamente penetrables para el espíritu en la medida en que se da a ellos sin vacilar. Por otro lado, las manifestaciones que están vinculadas al dinero son los escalones más puros y transparentes de una serie que realiza el mismo principio también en otros contenidos. En cierta ocasión conocimos a una persona, ya no muy joven, padre de familia, en buena situación económica que ocupaba todo su tiempo en aprender todas las cosas posibles: lenguas, sin aplicarlas prácticamente; baile, sin ejecutarlo; habilidades del todo género, sin hacer uso de ellas o, incluso, sin querer hacerlo. Este es el tipo más perfecto del avaro, esto es, la satisfacción en la posesión completa de la potencialidad, que jamás piensa en su actualización. También aquí, sin embargo, tiene que hallarse presente el encanto emparentado con el de carácter estético: la dominación de las formas y las ideas puras de las cosas o los actos, frente a la cual, todo avance hacia la realidad, con sus obstáculos, contratiempos e insuficiencias, únicamente puede suponer un descenso y una limitación del sentimiento de dominar absolutamente a los objetos por medio del poder. La observación estética –que resulta posible como mera función respecto a cada objeto concreto y especialmente fácil respecto a lo “bello”- supera, del modo más fundamental, las limitaciones entre el Yo y los objetos; aquella permite que la idea de estos últimos evolucione con sencillez y armonía, como si no estuvieran determinados más que por las leyes esenciales de la primera. De aquí el sentimiento de liberación que conlleva el ánimo estético, la redención de la presión sorda de las cosas, la expansión del Yo, con toda su alegría y libertad, en las cosas cuya realidad es la que violenta. Esta ha de ser la coloración psicológica de la alegría en la mera posesión del dinero. La condensación, abstracción y anticipación particulares de la propiedad objetiva que implica la del dinero, permite a la conciencia aquel margen libre de juego, aquella extensión llena de intuiciones, a través de un medio que no ofrece resistencia alguna, aquel apropiarse de todas las posibilidades sin violencias y sin desengaños por parte de la realidad, todo lo cual también caracteriza al placer estético. Al definir la belleza como une promesse de bonheur (una promesa de felicidad), ello señala la igualdad psicológica formal entre el atractivo estético y el del dinero, puesto que ¿en qué otra cosa puede consistir esto último, sino en la promesa del placer que ha de comunicarnos el dinero?”

Fragmento de "La filosofía del dinero" (1900) de Georg Simmel

viernes, 18 de junio de 2010

LA GASTRONOMÍA, LA MUERTE




"Lejos de decodificar el apetito como la alarma fisiológica que designa, y denuncia, el inicio del requerimiento de las reservas del cuerpo, el hombre que tiene hambre no percibe más que un deseo, primero aceptable, luego cada vez más doloroso si no se llega a la satisfacción. No está lejos la muerte, que recuerda sin cesar el momvimiento perpetuo, la combustión en la máquina humana y el tributo a los mecanismos corporales. Hasta el agotamiento definitivo. El deseo es falta, y la falta, demostración de nuestra sumisión a la necesidad de un holocausto perpetuo: para ser, el cuerpo necesita ingerir cadáveres, materias desarraigadas, arrancadas a su medio, alimentos fermentados, en curso de putrefacción, alimentos pasados. El sentido genésico supone el parentesco del sexo y la muerte, del placer y el dolor, de la escasez y la abundancia, el exceso y la falta. Antes de las precisiones aportadas por la modernidad en este campo, Brillat-Savarin calcula la naturaleza monstruosa del motor humano: la voluntad de conjurar fisiológicamente la entropía, la necesidad de calmar un dolor con una golosina, la necesidad de engañar a la muerte que vigila y no dejará de exigir su tributo. La gastronomía se arraiga en el artificio. La máscara se instala entre la miseria de la necesidad y la elegancia de su conjuración: es preciso hacer de la necesidad virtud. Y buena cara al mal tiempo. En el fondo de la identidad dormita un animal furioso."

Fragmento de "La razón del gourmet" de Michel Onfray

viernes, 11 de junio de 2010

DE VITIO LUXURIAE

"El uso de los actos venéreos es sumamente necesario al bien común, es decir, a la conservación de la especie. Luego la razón debe fijarse en ello especialísimamente, desechando como vicioso lo que contradiga ese orden. La lujuria es un exceso, una transgresión del orden en dichos actos venéreos, y es, por tanto, pecado."

Por la fuerza que ejerce este placer venéreo sobre nosotros, dice Tomás de Aquino, es que debemos mantener bajo control especial a este tipo de actos. Y la regla que servirá de guía para hablar de "desvío" o de "exceso" tiene que ver con la finalidad natural de la reproducción de la especie.

Desde épocas inmemoriales hay distintas maneras en que el goce se tramita por otras vías que no esperan -ni permiten en muchos casos, lo cual horroriza aún más a Tomás de Aquino- obtener como resultado la reproducción de la especie. En la misma Suma Teológica tenemos cantidad de ejemplos: desde la "fornicación simple" hasta la "inmundicia" (masturbación masculina, la femenina era directamente silenciada), pasando por la "polución nocturna" y "por fin, si no se observa el modo correcto de realizar el acto humano, sea introduciento instrumentos de placer, sea empleando otras formas bestiales y monstruosas de pecado."

Estas diversas formas del goce sexual sin finalidad reproductiva tienen una historia infinita de variantes y riqueza que no me interesa señalar más que para comentar algunas de las nuevas maneras en que la tecnología permite profundizar y complejizar esta disociación. Quiero entonces presentar tres nuevas tecnologías del placer sexual:


1. Quizás todavía no hayamos tomado conciencia de cómo el Viagra permite la cosificación del hombre como partenaire sexual. Sabemos sí, que la mujer sigue siendo el objeto sexuado para complacer al hombre cuando él así lo disponga, el cuerpo a ser sometido y penetrado. Pero la biología masculina impedía el abuso simétrico hasta la llegada de esta creación de la tecnología química. Ella permite disociar el deseo del hombre, su excitación, de la función mecánica -la erección- y a la vez que parece solucionar un problema para el hombre (problema nuevo históricamente, el del goce de la mujer), lo entrampa en una posición similar a la que ella se encontraba en tanto cuerpo-sexual-siempre-disponible. Desde la escatología de la Suma podría hasta ser bien visto este sistema, siempre y cuando se lo utilice exclusivamente con fines reproductivos.


2. Este es otro tipo de "cuerpo-sexual-siempre-disponible" pero ya no humano. Es la avanzada del artefacto sexual 'muñeca inflable', con prestaciones mucho más complejas, sobre todo con respuesta a los estímulos que recibe. En este sentido es un artefacto de extrema complejidad, que intenta de algún modo una similitud completa con un cuerpo sexual-psíquico, porque tiene también distintos "humores" o modos de comportamiento. La humanidad ausente es el primer factor que singulariza a este objeto, al estar tan cercano en sus funciones y parecidos externos. Una primera comparación entre un robot sexual y una prostituta sería entonces obra de una torpeza importante. El proceso de cosificación que -por lo general- sufre la prostituta, se vería en este caso invertido por un proceso de humanización del objeto. Y podemos sí comenzar a pensar entonces en un proceso de ambiguación, o en un derrumbe de la dicotomía modelo-copia, que permita pensar tanto al robot como a la prostituta bajo el modo del simulacro.



3. El tercer artefacto lo presenta Woody Allen en su película Sleeper. El famoso "Orgasmatron" permite el goce de uno o varios cuerpos, sin necesidad siquiera de quitarse la ropa. Y aunque parece que el resultado está asociado a estimulaciones psíquicas, me parece muy interesante que se ingrese de cuerpo entero y no -como en otras películas de ciencia ficción- que se trate de algún aparato que se utilice solamente sobre la cabeza, como una especie de electrodo que se aplica sobre el cráneo. En el Orgasmatron el cuerpo que goza es el cuerpo completo, de pies a cabeza. Las funciones reproductivas del goce en nuestro dedo gordo es algo que Tomás de Aquino también había tomado en cuenta al calificar como pecaminoso "el acto de tocamiento" en el Artículo Cuarto de la Cuestión 154 de la Suma, titulado Utrum in tactibus et osculis consistat peccatum mortale.

martes, 8 de junio de 2010

TRISTÁN E ISOLDA


"No hay un fin, por tanto, para un relato que dice también a su manera: no haya relato, sin embargo, sí un fin, tal vez una remisión, tal vez una condena definitiva. Porque he aquí que un día la muchacha ya no está: desaparición que no podría sorprender, ya que no es sino el agotamiento de una aparecer que sólo se daba en el sueño. Ella ya no está ahí, pero tan discretamente, tan absolutamente, que su ausencia suprime su ausencia, de manera que buscarla es en vano, lo mismo que sería imposible reconocerla y que alcanzarla, aunque fuere únicamente con el pensamiento de que ella sólo ha existido merced a lo imaginario, no puede interrumpir la soledad donde se murmuran indefinidamente las palabras testamentarias: enfermedad de la muerte. Tenemos aquí las últimas palabras (¿son últimas?): "Muy pronto, usted abandona, ya no la busca, ni por la ciudad, ni por la noche, ni por el día. / Así no obstante usted ha podido vivir ese amor de la única manera en que usted podía hacerlo, perdiéndolo antes de que hubiera advenido." Conclusión que en su admirable densidad dice tal vez, no el fracaso del amor en un caso singular, sino el cumplimiento de todo amor verdadero que consistiría en realizarse únicamente en el modo de la pérdida, es decir, realizarse perdiendo no lo que les ha pertenecido sino lo que no se ha tenido jamás, porque el "yo" y el "otro" no viven en el mismo tiempo, no están nunca juntos (en sincronía), no podrían ser, por tanto, contemporáneos, sino separados (incluso unidos) por un "aún no" que corre parejas con un "ya no". ¿No es Lacan quien decía (cita tal vez inexacta): desear es dar lo que no se tiene a alguien que no lo quiere? Lo que no significa que amar no se viva más que en el modo de la espera o de la nostalgia, términos que se reducen demasiado fácilmente a un registro psicológico, mientras que la relación que está aquí en juego no es mundana, al suponer incluso la desaparición, hasta el hundimiento del mundo. Recordemos las palabras de Isolda: "Hemos perdido el mundo y el mundo a nosotros." Y recordemos que incluso la reciprocidad de la relación amorosa, tal como la representa la historia de Tristán e Isolda, paradigma del amor compartido, excluye tanto la sencilla mutualidad como la unidad en que lo Otro se fundaría en lo Mismo. Lo que devuelve el presentimiento de que la pasión se escapa de la posibilidad, al escapar, en el caso de los que están atrapados en ella, de sus propios poderes, de su decisión e incluso de su "deseo", siendo ella en eso la extrañeza misma, al no considerar ni lo que pueden ni lo que quieren, sino atrayéndolos a lo extraño donde se convierten en extraños para sí mismos, en una intimidad que los hace, también, extraños uno para otro. ¿Separados así eternamente, como si la muerte estuviera en ellos, entre ellos? Ni separados ni divididos: inaccesibles y, en lo inaccesible, sometidos a una relación infinita."

Maurice Blanchot, La comunidad inconfesable