lunes, 20 de marzo de 2017

Pensar el neoliberalismo

La obra del sociólogo francés Christian Laval no es tan conocida en nuestro país. Especialista en la filosofía utilitarista de Jeremy Bentham, investigó extensamente sobre políticas educativas, es miembro de ATTAC (Asociación por la Tasación de las Transacciones financieras y por la Acción Ciudadana), del Laboratorio SOPHIAPOL (Sociología, Filosofía, Antropología, Política), participa de la Revista de MAUSS (Movimiento Anti Utilitario en las Ciencias Sociales). Fundó con el filósofo Pierre Dardot Question Marx y publicó con él numerosas obras. Su trabajo en los últimos años se centra en el análisis y la crítica del neoliberalismo.




Partimos de la siguiente pregunta: ¿por qué triunfan las ideas y políticas neoliberales en occidente? Tal parece que no puede negarse a la economía de mercado como única vía posible, sin caer en la “irracionalidad”. El libro que Laval escribe conjuntamente con Dardot se titula justamente “La nueva razón del mundo”, en tanto se impone como universal. Pensar alternativas por fuera del neoliberalismo sería entonces proponer algo por fuera de la racionalidad, como afirmó Friedrich Hayek.

La mención a Friedrich Hayek es importante, fue un economista y filósofo discípulo de Ludwig von Mises (Escuela Austríaca de economía), defensor del liberalismo y crítico de las posiciones intervencionistas (Keynes) y socialistas. En Camino de servidumbre (1944) ataca toda propuesta colectivista o socialista porque, afirma, aplasta las libertades individuales y termina en el totalitarismo. Hay que entender por supuesto estas afirmaciones en el contexto histórico de los fascismos europeos y el totalitarismo soviético.

Laval afirma que “se necesitan nuevas armas teóricas para luchar contra la fuerza de las constataciones y de los poderes que las encarnan.” Esas nuevas armas teóricas vienen de la caja de herramientas de Foucault, específicamente de su curso en el Collège de France de 1979 “El nacimiento de la biopolítica”, allí Foucault analiza la gubernamentalidad liberal y neoliberal en sus dos grandes escuelas: ordoliberalismo (Friburgo, el gobierno tiene que mantener las “reglas”, el “orden” para que el mercado funcione: moneda y precios estables) y Escuela de Chicago (George Stigler y Milton Friedman: libremercado monetarista).



“Los neoliberales, al término de la Segunda Guerra Mundial, difundieron sus ideas en los medios de comunicación y en el seno de la universidad, y fueron capaces de influir en los líderes de los partidos de derecha, de intimidar a las fuerzas de izquierda y de paralizar los movimientos sociales.”

Laval sostiene que el neoliberalismo no es simplemente un fenómeno anglosajón, por eso se interesa por el libro de François Denord (Néo-libéralisme version française. Histoire d’une idéologie politique, 2007).

“Denord demuestra con vigor y precisión que esta “ideología política”, surgida en el período de entreguerras, no desapareció ni siquiera con el triunfo del keynesianismo, con los modos de planificación a la manera francesa o con el dirigismo gaullista.” Esta afirmación es central para comprender la postura de Laval, no cree que el keynesianismo pueda enfrentar al neoliberalismo eficazmente.

Denord muestra como el movimiento que terminó imponiendo el neoliberalismo como “sentido común” en Francia comenzó a mediados de 1930 y se trató (y se trata) de una “miltancia”, no de un “orden natural” que se fue dando. Una militancia a favor del “libre mercado” y de los “valores de empresa” que hoy se ha vuelto hegemónica.

Este trabajo histórico (¿hay algún trabajo así en Argentina?) es indispensable para desnaturalizar el orden instaurado hoy en día, sobre todo en relación al mercado común europeo que es la institucionalización y la garantía de permanencia de ese orden neoliberal.



El neoliberalismo en vertiente francesa

Laval quiere dejar en claro que el neoliberalismo no es un producto de importación, que su propuesta no es ajena a Francia y al catolicismo. En todo caso hay una vertiente francesa. El coloquio Walter Lippmann se llevó a cabo en Francia en 1938 y fue uno de los momentos fundacionales del neoliberalismo, los intelectuales allí reunidos (entre ellos Mises y Hayek, también el filósofo francés Raymond Aron) pretendieron fundar y defender un “nuevo liberalismo”. Después de la guerra (1947) Hayek, Mises, Karl Popper, Milton Friedman y otros intelectuales fundaron la Sociedad Mont-Pèlerin que está activa hasta hoy en día, cuya misión es salvaguardar las libertades individuales amenazadas por el “descrédito en la propiedad privada y el libre mercado”.

Laval aprecia el trabajo histórico de Denard pero marca sus diferencias: “Aun cuando toma de Foucault su rigurosa definición del neoliberalismo como nuevo arte de gobernación de unos sujetos a los que se considera movidos por el cálculo interesado, tiende sin embargo a confundir las posturas neoliberales y el más banal tópico laisser-fairiste.”

Se trata entonces de entender no sólo al neoliberalismo como un tipo particular de “gubernamentalidad”, sino de entender su especificidad contemporánea y no confundirlo con el liberalismo clásico de Adam Smith.

El neoliberalismo “no se basa en una ontología de las leyes “naturales” del mercado, sino que aspira más bien a construir el orden mercantil mediante formas intervencionistas de nueva creación”.

Christian Laval critica el análisis de Denard porque yerra en su metodología cercana a la sociología de Pierre Bourdieu, que se centra en los distintos “campos” sociales (artístico, económico, político), y afirma el camino foucaultiano (genealógico) para tratar de comprender la novedad del neoliberalismo.

Retomando entonces el curso de Foucault, Laval afirma que el neoliberalismo “encuentra sus fuentes más lejanas en la problemática benthaminiana del control y del interés, aporta ante todo una reflexión sobre las técnicas de gobernación a emplear cuando el sujeto de referencia se constituye a la manera de un ente maximizador de su utilidad.”



El utilitarismo de Jeremy Bentham (1748-1832), pensador en el que Christian Laval es experto y Foucault analiza asiduamente (es el creador del famoso panóptico), da más pistas respecto al modo de gubernamentalidad y subjetivación propio del neoliberalismo.

Más Bentham y menos Adam Smith entonces. Laval insiste en no reducir el neoliberalismo a un renacimiento de la propuesta liberal clásica, no se trata tanto de un achicamiento (desregulación) del Estado, como de una sobrerregulación (lógica normativa) que excede lo económico.

“Basado en una antropología global del sujeto económico, pone en funcionamiento resortes sociales y subjetivos propios, como la competitividad, la “responsabilidad” o el espíritu de empresa, y aspira a crear un nuevo sujeto, el sujeto neoliberal. Se trata, en definitiva, de crear cierto tipo de hombre apto para dejarse gobernar por su propio interés.”

Es importante esta aserción final. No hay una naturaleza “liberal” sino unos dispositivos que el gobierno impulsa y mantiene. Se trata de identificarlos en su contingencia.



Desdemocratización y arte de la gobernación neoliberal

Laval se interesa paricularmente por el trabajo de Wendy Brown. Es una importante politóloga de la Universidad de California, pareja de Judith Butler, autora de trabajos sobre problemas de tolerancia, racismo y sexismo, también investiga sobre problemas de soberanía y capitalismo. Su último libro (2015) se titula Undoing the Demos: Neoliberalism's Stealth Revolution

Este proceso de “desdemocratización” es resultado y producto de la subjetivación neoliberal que Brown define así: “El neoliberalismo es un proyecto constructivista: para éste, la estricta aplicación de la racionalidad económica en todos los terrenos sociales no supone un dato ontológico; por lo tanto anima […] al desarrollo de esta racionalidad.”

Tanto Brown como Laval siguen aquí a Fouculat, el neoliberalismo es un tipo de poder positivo, productivo, constituyente. No se trata solamente de una intervención de los mercados en lo público, o de desarmar el Estado de bienestar o de concentrar la riqueza, sino de producir subjetividad, una nueva razón, un nuevo sentido común.

“La política neoliberal aspira a llevar a cabo un universalismo práctico de la razón económica, tomando como referencia normativa al sujeto racional calculador” afirma Laval.

De acuerdo a Wendy Brown el neoliberalismo entonces socava “formas normativas” políticas y morales al mismo tiempo que impone otras básicamente menos democráticas:

“Poco a poco va desapareciendo la figura del ciudadano que, junto a otros ciudadanos iguales en derechos, expresaba cierta voluntad común, determinaba con su voto las decisiones colectivas y definía lo que había de ser el bien público, para verse reemplazado por el sujeto individual, calculador, consumidor y emprendedor, que persigue finalidades exclusivamente privadas en un marco general de reglas que organizan la competencia entre todos los individuos.”

Se borra entonces la tensión entre el interés privado y el público, cada vez menos nos reconocemos como ciudadanos y cada vez más como emprendedores y consumidores. Proliferan las “técnicas de evaluación” y los criterios de eficacia.

Según Brown estos cambios “afectan a las libertades individuales y colectivas que las democracias liberales garantizaban, al menos mínimamente, gracias a la fragmentación de los diferentes poderes y a la pluralidad de los principios que los regulaban.”



En lugar de se una “vuelta” del liberalismo, el neoliberalismo operaría entonces una regresión porque anularía muchas de las libertades individuales y colectivas que las democracias liberales permitieron canalizar. “El agotamiento de la democracia liberal” es el título de la conclusión del libro de Laval y Dardot sobre el neoliberalismo.

¿Cuáles son los espacios que aún no han sido tomados por la lógica del rendimiento, por la eficiencia empresaria? Cada vez quedan menos espacios autónomos, con otras lógicas.

La democracia liberal habría permitido una escisión “entre  el interés individual y el interés general, entre la vida terrenal y la celestial, entre el mundo profano de la sociedad civil y el mundo sagrado de la burocracia estatal.”

El texto de Karl Marx “Sobre la cuestión judía” (1843) tematizó el problema de esta separación entre la política y la vida social, criticando la gran mentira de que el Estado (burgués, por supuesto) pueda encarnar lo universal (como Hegel afirmó).

Laval afirma que un error similar ocurre cuando se iguala liberalismo y neoliberalismo. Ya no estamos en momentos de esa escisión, todo se reduce a negocio. En este sentido la democracia es demasiado “costosa”: “Libertad de expresión, educación humanista, solidaridad social, función pública consagrada al ideal del interés general; todo ello se desintegra lentamente a causa del cálculo costes-beneficios.”

El neoliberalismo es un proyecto político despolitizador. “Pero donde el criterio de eficacia lo domina todo no hay espacio para todo el mundo, y todo está permitido. La moralidad política, tanto en la esfera profesional como en la cotidiana, se desvanece ante el reinado del cinismo generalizado, de la más perversa manipulación, del oportunismo y del narcisismo.”

Este proceso desdemocratizador desencaja a las derechas e izquierdas más tradicionales. Hayek no pudo ver de qué manera iba a quedar amenazada la democracia “liberal” con el avance de sus propuestas basadas en el interés privado. Estos viejos liberales deberían estar preocupados por el avance del neoliberalismo.

La izquierda o se resigna a la avanzada neoliberal o defiende la democracia liberal. “Pasa a encabezar la defensa de las antiguas instituciones democráticas liberales (defensa del “interés general”, de las libertades individuales y políticas, del laicismo), cuyo carácter incompleto, desigualitario e hipócrita había criticado hasta la fecha.”

Si hay algo que la izquierda no pudo aún hacer (afirma Laval) es proponer otro proyecto “basado en otra racionalidad moral y política”, proponer otra concepción de lo humano. Algo que explorará en su obra Común.



Neoliberalismo y neoconservadurismo

Laval llama la atención sobre el doble papel de la derecha: mientras erosiona los lazos sociales (neoliberalismo), aparece como la salvaguarda de los mismos (neoconservadurismo a lo Trump).

“Como reacción a la disolución del sujeto moral y político en la lógica empresarial y consumista, el neoconservadurismo constituiría una nueva forma política aspirante a recuperar la moral y la autoridad según los cánones normativos antiguamente acuñados, respondiendo de este modo al deseo de seguridad de la población, en particular de las clases populares víctimas del hundimiento de los vínculos colectivos y de la erosión de los mecanismos solidarios. La derecha llevaría así a cabo una política beneficiosa para los ricos pero consoladora para los pobres, en virtud de una retórica “virtuosa” y “patriótica”, tranquilizándolos mediante la apelación a una voluntad autoritaria según un modelo de “tolerancia cero” en materia de delincuencia y marginalidad.”

Este es uno de los desafíos de la izquierda, organizar una propuesta que pueda revertir a estas dos derechas que, a juicio de Wendy Brown, no son lo mismo. El neoconservadurismo es nacionalista y moralista, el neoliberalismo aboga por el orden planetario, es consumista y cínico. Aunque a veces hay coincidencias:

“La moral, más o menos teñida, según los casos, de religión, tradicionalismo y nacionalismo, está adoptando un cariz de manipulación cínica de los ciudadanos-clientes, lo que comulga muy bien con la gestión de tipo empresarial de la opinión pública.” 



Neoliberalismo en el Neoconservadurismo y viceversa:

"La disciplina social del “valor-trabajo” –más aún en tiempos de crisis y aumento de la tasa de desempleo –y un gobierno fuerte son elementos esenciales del neoliberalismo como modelo de gobernación de los individuos.”

Esta concordancia entre neoliberalismo y neoconservadurismo, como ya mostró Foucault, se da en la referencia común al “individuo responsable de sí mismo”, que debe prosperar por sí mismo sin esperar nada de los demás.

Hay que pensar entonces en cómo se dan estas combinatorias, este es parte del trabajo de Wendy Brown. “El nuevo sujeto neoliberal ya no se encuentra atado a los valores y prácticas de la democracia liberal, y al abandonar su estatuto de ciudadano se muestra “menos reacio en lo referente a sus propias obligaciones, y en especial frente a su propia subordinación”.” Esto coincidiría con la instauración de un gobierno más autoritario, en tanto deseo de este nuevo sujeto.


Queda entonces como meta la propuesta de una renovación de la izquierda que sea a la vez una renovación democrática. De ahí la pregunta de Wendy Brown sobre la existencia del deseo o no de la democracia. 

"¿Seguimos siendo realmente demócratas, seguimos creyendo aún en el poder del pueblo y lo deseamos de verdad?"

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