
“Por lo mismo que fui casta hasta casarme, puedo afirmar que no hay nada más sucio que la castidad. La mente se convierte en una sentina de cuantos detritus arrojan las confidencias ajenas y los pensamientos propios. Las peores indecencias tienen curso forzoso en ella, pues la imaginación no es candorosa y se exacerba con relatos y fantasías obscenas en las cuales se solaza la depravación. Para evitar, soslayar estas porquerías licuefactas que vierte la ingenuidad en el alma no hay otra profilaxis que el amor. Yo lo supe en mi noche de bodas.
Quien ama prácticamente depura su alma y su organismo.”
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