domingo, 13 de diciembre de 2009

OLA


Estoy disperso como una ola cuando rompe violentamente contra un acantilado. Millares de pequeñas gotas se esparcen en todas direcciones y un finísimo vapor exhala de lo que alguna vez, quizás ingenuamente, intentó ser parte de un todo. La tersura del aire me cobija por un momento en este pausado caer que se me presenta pleno de desencuentro. ¿Es que jamás podré rehuir esta lógica brutal? ¿Es que la promesa de redención será vana una vez más? Se acaba nuevamente el tiempo de las preguntas, me reúno en el interior inmenso y marítimo que me envuelve y me adormece. Me estilizo, me impregno, me compongo transparente. Es entonces cuando mi eternidad es nuevamente interrumpida y rompo violentamente contra un acantilado.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

PRO TEMPORE


Hay quienes dicen que la felicidad dura solo un momento y que, como todo instante, tiende a desvanecerse para quedar transformado en simple recuerdo. Esta posición tiene gran cantidad de adeptos, ya que entiende a la felicidad como un estado de la conciencia y esta última -aunque en determinados misticismos parece ser capaz de encarnarse en distintas formas- no es otra cosa que un relato que enhebra fugacidades por lo demás inconsistentes entre sí.


Es de todas maneras notable que, para ciertos individuos, más que un estado de conciencia la felicidad es algo así como una facultad del alma. Es sabido que las facultades, como las curvas de un camino, son limitadas y están pre-definidas en base a oscuras instancias divinas o aún más oscuros designios culturales.


Si esto último es cierto, entonces la felicidad deja de ser una pura escenificación temporal, como el enojo, para transformarse en algo connatural al hombre, que puede o no ser desplegado con la ayuda de detonantes internos o extemporáneos. Ciertamente no deja por eso de estar atada al devenir, pues es el hombre el sustrato en el que se manifiesta. Pero en este caso el hombre pasa a ser vehículo de algo que, en cierta forma, ya estaba allí esperándolo, listo para cambiar el mundo.


No hay nada que pueda manifestarse sin que antes allí estuviera en alguna de sus formas. Sea lo que sea la felicidad, estamos condenados a encontrarla. Y a extraviarla.


La noche está pesada y no hay nadie a quien decir que el calor me aplasta.

lunes, 2 de noviembre de 2009

LO NECESARIO



Me ahorro las introducciones, las explicaciones que evaden el tema, los eufemismos.

El concepto de lo necesario se hace carne sólo ante la muerte.

Como la sabiduría popular afirma, todo lo demás tiene remedio.

Lo necesario es lo no remediable, lo que no tiene cura, la enfermedad que no termina.

Pero la enfermedad es la herida definitiva en la carne, porque es interna, porque adviene.

Lo necesario es lo inapelable.

La única realidad del concepto es cuando se hace carne, cuando nos atraviesa.

El cuerpo es único asidero posible de lo existente.

Aquello que no se hace carne es mera habladuría.

Lo único necesario entonces, lo que jamás puede ser de otro modo, es la muerte.

Ella es final de todo asidero, de todo cuerpo, de todo concepto.

La única seguridad del cuerpo, es su propia muerte: un cuerpo es aquello que ya no será.

El concepto de lo necesario no tiene su horizonte en la muerte, él es la muerte.

Cuando el cuerpo muere, se desvanece el único jirón de realidad posible.

Y todo es arrastrado hacia la nada, necesariamente.

Quien no enferma en vida no puede ser capaz de definirse.

Quien no enferma, no conoce lo definitivo, no posee cuerpo.

Quien no enferma, no puede hacer carne el concepto.

La puta madre que hiciste carne el concepto querido Leo.

La puta madre.

miércoles, 21 de octubre de 2009

PENSAR CON LA LENGUA

El lenguaje es aquello que a todos nos comunica y nos incomunica.

Si digo "soy feliz" lo hago porque es una construcción gramatical que todos van a poder entender, y además sé que su significado también va a ser comprendido fácilmente.

Pero cualquiera puede decir "soy feliz" y no quiere expresar lo mismo que yo, mi felicidad no es cualquiera, es esta disposición fugaz en la que yo solo me encuentro.

Todo aquel que quiere realmente expresarse, entiende muy pronto que el lenguaje no le alcanza, pues cuando todos lo entienden, entonces nadie lo ha comprendido. El paso obligado es la búsqueda de un lenguaje propio, si es que tal cosa existe. Cuando uno lleva esto al extremo, puede transformarse en poeta, que es la concreción acabada de la persona que construye su propio lenguaje.

Pero el precio a pagar es que al poeta casi nadie lo comprenda. Pues de la misma manera que a él le requiere toda su vida llegar a expresarse de manera tan íntima, el lector también necesita de un cierto trabajo para salir de su lenguaje compartido y tratar de internarse en los nuevos significantes.

Cuando el lenguaje es arte, más que nunca, lo que está escrito no es lo que es. El ejemplo más conocido de esta afirmación es lo que se conoce como metáfora. Ella dice "no soy lo que digo". Pero todo el lenguaje se comporta de esta forma y toda obra de arte es re-presentación de otra cosa.

¿Qué es aquella otra cosa? Pues la misma persona que produce la obra no lo sabe con certeza. Porque ¿cómo ha de conceptualizar sin lenguaje? Apenas se intenta pensarlo, ya se lo está ocultando. Esto de alguna manera me hace acordar a Kant.

Entonces tenemos una obra que de alguna manera está ahí negándose a sí misma, diciendo "estoy en lugar de otra cosa, pero no puedo decirlo", como el Oráculo de Delfos, nada dice ni oculta, sino que indica por medio de signos. Y si esto es así, no tenemos entonces ni significado ni significante. Sólo hay algo en lugar de algo.

Y en medio de eso estamos nosotros, intentando hacer de ese símbolo algo que nos signifique algo.

Entendiendo, sobre todo, que la propia felicidad es incomunicable y que esto mismo es lo que la hace frágil y perecedera.

jueves, 8 de octubre de 2009

FUNCIÓN DE LA LITERATURA

Cae el sol en Castillos de Pincheira. El paisaje es de ensueño, o de postal con sospecha de Photoshop, o de dibujo naive.

Sobre el lecho del río las cortaderas se esparcen con esa armonía que solo el azar puede lograr, ovejas perfectas (hechas para ser fotografiadas) comen un pasto brillante mientras caen unas gotas de fina lluvia. Suficientes para que se forme un arcoiris, para reflejarse sobre el río dorado de sol, para anaranjarse las nubes y los caballos pastar.

Hace 150 años Pincheira y sus tropas utilizaban este paraje para esconderse -dicen- luego de fechorías varias.

¿Significaría lo mismo para uno de sus ladronzuelos esto que ahora yo veo? ¿Tendría él también una sensibilidad moldeada por peliculas de Disney, arte impresionista y documentales de la National Geographic para poder apreciar este o aquel ocaso?
¿Veríamos lo mismo si estuvieramos viendo lo mismo? Un viaje a caballo a estas tierras inhóspitas huyendo de la autoridad, quizás del paredón. O un viaje atraido por un folleto de información turística. ¿Y una expectativa de encontrar qué?
¿Él un refugio, yo un descanso? ¿Él un descanso, yo un refugio?
Si yo encuentro en este anochecer aún sin luna lo mismo que todos, ¿acaso soy todos?
¿Con qué herramientas me acerco a sentir la lisura de la piedra? Es decir, cómo no encontrar lo que aquí vine a buscar.

Si paisaje, si descanso, si atardecer pleno de rosados, entonces para qué el viaje.
Si apertura a algo más, si desvestirme de la sensibilidad que me informan en el folleto, en las fotos que esperan a mi vuelta.

Ser, por ejemplo, el maleante.
Sentir ser el maleante, placer reparo, placerse del agua fresca tras la huida, no ver más nada en las caprichosas formas que caprichosas formas.
¿Dónde un Castillo? Simple piedra, segura piedra, hogar pasajero. Aquí no se mece el ocio, transcurre la vida.

¿Cuál es el original de nuestra vida y cuál copia? La sensibilidad del ladrón, la del muchacho que barre la tierra del camping, la mía...
Es falso ver castillos y cristos y águilas en todas las piedras, tanto como es falso ver piedras. Ver en toda cosa otra.

Como el niño que le pidió a su padre que le ayude a ver el mar, porque era demasiado grande aquella primera vez.
Mirada virgen y mirada educada por tarjeta postal. ¿Dónde esta el ver?

La función de la literatura (del arte) es abrir esa sensibilidad anquilosada, hacer que explote como un volcán la que contabamos como segura. Reemplazar el puro placer lindo-feo, por un sinfín de lava ardiente.
Podrá pasar luego una laguna y millares de animales alados, ponies, pegasos, choiques.
El óxido de millones de años caminará sobre nosotros y aun así no sabremos si hay alguien que forme las formas o trace las rutas.

No sabemos quién morira el día de nuestra muerte ni por qué la aventura.

Más nada de eso importa. Sólo el volcan que parece tocar el cielo hasta reventar en infinito.

¿O alguien puede asegurarme que ese volcan no toca el cielo?


Eso me parecía.
Sólo queda llegar arriba y estirar las manos.

sábado, 12 de septiembre de 2009

MUJERES

Esta obra rebosante de mujeres está compuesta por dos nouvelles y varios relatos donde el bello sexo es el protagonista. Allí las mujeres mandan, desean, consuman, rechazan, se prostituyen. Más allá de los pruritos de los hombres que están a su alrededor y que en muchos casos no las satisfacen, ellas hacen la apología de un cuerpo-deseante que les es propio. Las mujeres de Filloy son de imaginación profusa, ardiente pollera y selecta erudición. Son lobas habitando el lupanar.





“Por lo mismo que fui casta hasta casarme, puedo afirmar que no hay nada más sucio que la castidad. La mente se convierte en una sentina de cuantos detritus arrojan las confidencias ajenas y los pensamientos propios. Las peores indecencias tienen curso forzoso en ella, pues la imaginación no es candorosa y se exacerba con relatos y fantasías obscenas en las cuales se solaza la depravación. Para evitar, soslayar estas porquerías licuefactas que vierte la ingenuidad en el alma no hay otra profilaxis que el amor. Yo lo supe en mi noche de bodas.
Quien ama prácticamente depura su alma y su organismo.”

sábado, 5 de septiembre de 2009

Del leer y el escribir




De todo lo escrito yo amo sólo aquello que alguien escribe con su sangre. Escribe tú con sangre: y te darás cuenta de que la sangre es espíritu.
No es cosa fácil el comprender la sangre ajena: yo odio a los ociosos que leen.
Quien conoce al lector no hace ya nada por el lector. Un siglo de lectores todavía - y
hasta el espíritu olerá mal.
El que a todo el mundo le sea lícito aprender a leer corrompe a la larga no sólo el escribir, sino también el pensar.
En otro tiempo el espíritu era Dios, luego se convirtió en hombre, y ahora se convierte incluso en plebe.
Quien escribe con sangre y en forma de sentencias, ése no quiere ser leído, sino aprendido de memoria.
En las montañas el camino más corto es el que va de cumbre a cumbre: mas para ello tienes que tener piernas largas. Cumbres deben ser las sentencias: y aquellos a quienes se habla, hombres altos y robustos.
El aire ligero y puro, el peligro cercano y el espíritu lleno de una alegre maldad: estas cosas se avienen bien.
Quiero tener duendes a mi alrededor, pues soy valeroso. El valor que ahuyenta los fantasmas se crea sus propios duendes,- el valor quiere reír.
Yo ya no tengo sentimientos en común con vosotros: esa nube que veo por debajo de mí, esa negrura y pesadez de que me río, - cabalmente ésa es vuestra nube tempestuosa.
Vosotros miráis hacia arriba cuando deseáis elevación. Y yo miro hacia abajo, porque estoy elevado.
¿Quién de vosotros puede a la vez reír y estar elevado? Quien asciende a las montañas más altas se ríe de todas las tragedias, de las del teatro y de las de la vida.
Valerosos, despreocupados, irónicos, violentos - así nos quiere la sabiduría: es una mujer y ama siempre únicamente a un guerrero.
Vosotros me decís: «la vida es difícil de llevar». Mas ¿para qué tendríais vuestro orgullo por las mañanas y vuestra resignación por las tardes?
La vida es difícil de llevar: ¡no me os pongáis tan delicados! Todos nosotros somos guapos, borricos y pollinas de carga.
¿Qué tenemos nosotros en común con el capullo de la rosa, que tiembla porque tiene
encima de su cuerpo una gota de rocío?
Es verdad: nosotros amamos la vida no porque estemos habituados a vivir, sino porque estamos habituados a amar
Siempre hay algo de demencia en el amor. Pero siempre hay también algo de razón en
la demencia.
Y también a mí, que soy bueno con la vida, paréceme que quienes más saben de felicidad son las mariposas y las burbujas de jabón, y todo lo que entre los hombres es de su misma especie.
Ver revolotear esas almitas ligeras, locas, encantadoras, volubles - eso hace llorar y cantar a Zaratustra.
Yo no creería más que en un dios que supiese bailar.
Y cuando vi a mi demonio lo encontré serio, grave, profundo, solemne: era el espíritu de la pesadez, - él hace caer a todas las cosas.
No con la cólera, sino con la risa se mata. ¡Adelante, matemos el espíritu de la pesadez!
He aprendido a andar: desde entonces me dedico a correr. He aprendido a volar: desde entonces no quiero ser empujado para moverme de un sitio.
Ahora soy ligero, ahora vuelo, ahora me veo a mí mismo por debajo de mí, ahora un dios baila por medio de mí.

Así habló Zaratustra